AMOR
ESPECTACULAR
Andando en el coche con su hermano mayor, este último y Gregorio se encaminaban a dejar un par de cosas al nuevo departamento de sus padres, quienes recientemente se acababan de reconciliar tras años de separación y es que el padre había sido infiel a la señora durante un tiempo, en fin, todas las relaciones son extrañas y complicadas, nada novedoso.
Y respecto a Gregorio, él era un joven de veintitrés años que de edad que había abandonado la preparatoria, era alto y casi siempre callado y el menor de cinco hermanos, todos ellos con una carrera profesional, bueno, excepto el que le seguía después del mayor, él no tenía una carrera, pero bien era gerente de una tienda de autoservicio al sur de la ciudad. El punto en sí, es que todos ellos eran independientes y se podían servir por sí mismos y quizás por aquella razón, Gregorio se sentía un tanto distante de su familia, por eso y por ser el menor de todos. Muy aparte de ello, Gregorio trabajaba en una fábrica de textiles cerca de la estación del metro Juárez, trabajo en el que por cierto apenas generaba lo suficiente como para pagar parte de la renta que compartía con su hermano mayor Luis. Luis por otro lado tenía una carrera de contaduría y con su empleo en el gobierno ganaba bastante bien, por lo menos para pagar la renta del departamento y patrocinar los gastos para que Gregorio acabase la escuela, pero realmente Luis prefería que Gregorio trabajara duro para que viera lo difícil que es ganarse la vida, sobre todo si no tienes estudios, o por lo menos eso solía decirle a manera de ocultar su tacañería, en fin y como iba contando.
Aquella mañana de jueves, no era muy diferente a las demás, los
autos circulaban bulliciosamente por las avenidas, el eje central se veía
taponeado por los tumultos de autos y de gente desesperada y esperando a que
los pigmentos vidriosos de los semáforos cambien de color, sobre el paseo de la
reforma la torpe, trajeada e impaciente gente, empujando por llegar temprano a
trabajar otro día más. Y todas esas cosas que ves a diario en una gran urbe
como lo es el DF. Y “nada mejor” para Gregorio que pasar su día libre llevando
cosas al departamento de sus padres. En aquellos días libres, Gregorio prefería
quedarse en casa a leer un libro o a ver tele, porque para ser honestos el buen
Gregorio, no tenía ningún talento artístico ni mucho menos, ni era carismático
y aborrecía aquellas reuniones de fin de semana con sus compañeros del trabajo,
y aun mayor… a sus compañeros de trabajo, pero Gregorio se las arreglaba para
sobrevivir en un mundo lleno de banalidad y en donde la tecnología restaba
creatividad a la gente, o por lo menos con ese discurso se reafirmaba a sí
mismo para seguir adelante. En fin y regresando a lo del auto, Gregorio tenía
la mirada perdida a través del cristal del copiloto, miraba con atención la
ciudad y el entorno que le rodeaba mientras escuchaba distraídamente la obsoleta
charla de su hermano y de cómo se había chingado a unos gringos con unos
trámites burocráticos, en fin, nada especial. Así transcurrieron algunas
calles, hasta que Luis hizo alto en un semáforo en rojo, Gregorio casi
inevitablemente volvió su mirada hacía un anuncio espectacular que se
encontraba en una esquina, el anuncio era de una marca de ropa, pero no fue eso
lo que en aquel momento encandiló de manera sublime a Gregorio, sino la modelo
del anuncio.
Era hermosa, quizá para los demás transeúntes era una nimiedad,
pero para él, fue lo más bello que había visto en su vida.
En ese momento, Gregorio dejó caer las gafas de sol que llevaba
en las manos tan sólo para admirar a aquella bellísima modelo que posaba
tranquilamente en aquel pedazo de lona adherible, fue, como muchos suelen
decir, amor a primera vista. El anuncio, estaba en alguna esquine sobre puente
de Alvarado. El siga se puso y Luis piso el acelerador y mientras el coche
estaba en marcha, Gregorio no resistió el impulso así que inesperadamente y
como acto reflejo tomó el volante del coche y lo jaloneó, mientras forcejeaba
con Luis, hasta que Luis lo empujó y le gritoneo hasta que Gregorio soltó el
volante.
-No chingues cabrón, ¿qué mierdas te pasa? Gritaba Luis enojado.
Luis paró en una esquina por el susto que se había llevado,
mientras gritoneaba a Gregorio, pero él estaba en una especie de trance,
digería la imagen de aquel espectacular, aquella hermosa mujer, de pelo negro,
piel blanca y redondos y lindos pechos invadían su cabeza, pero cuando por fin
logró entrar en razón, por fin escucho los gritos de su hermano, a lo que
respondió:
-Perón, me sentí mal, estaba mareado.
Así sin más continuaron su camino acompañado de sermones por
parte de Luis acerca de lo del volante.
Así pasaron unos dos días, Gregorio no podía esperar para salir
de trabajar e ir a aquella esquina para admirar a la mujer del espectacular, y
cuando por fin salió del trabajo y pudo observar una vez más a esa mujer con
aquella sonrisa de metro y medio de largo, Gregorio sintió una paz interna,
nada en el mundo lo había hecho sentir tan seguro en su vida.
Pensó incluso en investigar el nombre de la modelo y sacar
alguna información y esas cosas, pero por alguna razón, pensó que eso le
restaría emoción a todo, así que se limitó a echar flores a aquel anuncio.
Y así transcurrieron un par de semanas y Gregorio
indiscutiblemente después del trabajo acudía a verla, ahí, parado, hasta se le
ocurrió la idea de tomar de todos sus ahorros y rentar una habitación diario,
en un hotel que se encontraba en frente de la calle donde estaba el anuncio y
hasta hizo un trato con el gerente del hotel para que esa habitación estuviera
reservada sólo para él. Y todas las noches durante casi un mes, Gregorio iba al
hotel, bebía un par de cervezas y conversaba con la chica del anuncio, a quien
por cierto había bautizado como Mary.
De pronto, hasta el mismo Gregorio se dio cuenta de que
enamorarse y hacer todas esas cosas que hacía por ver a la chica de un anuncio
espectacular, era de locos, y eso que siempre creyó que perdería la cabeza
tarde o temprano, pero ¡mierda! ¿Por qué más temprano que tarde? Pensaba.
Y es que quizá y tan sólo quizá, no estuviera ton loco, loca la
gente común, loca la gente que se enamora de otra gente, gente que se queja
todo el tiempo a espaldas del otro, que se son infieles, y que se quejan y
pelean todo el tiempo por tonterías, pero en cambio, Mary estaba siempre ahí,
incondicionalmente tan sólo para él, ella lo escuchaba sin emitir ningún juicio (evidentemente) él era
feliz con ella, hasta planeaba casarse con ella, y ¿por que no? Ir a vivir
juntos.
Transcurrían los días normalmente y Gregorio seguía con su vida,
trabajaba y saliendo del trabajo se dirigía al hotel, pedía su llave, y se
dirigía a la habitación 206 la cual tenía vista perfecta hacia el anuncio y ahí
se sentaba, tan sólo para ver a su amada.
Pronto a Luis se le hacía raro que Gregorio no llegara al
departamento o que sólo pasara de vez en
cuando para darse un baño o dormir, y era extraño para Luis ya que Gregorio no
era de parrandear, así que un día temprano cuando lo encontró en el departamento, lo abordó y le pregunto,
por qué no llegaba a dormir.
-Es que he conocido a alguien y paso mucho tiempo con ella.
Respondió Gregorio.
-¡hey! Qué bien hermano, me da gusto, y ¿está bonita?
- Más de lo que te imaginas. Respondió Gregorio.
-y ¿Dónde la conociste? Preguntó Luis
- pues la conocí por ahí. Respondió Gregorio cortante.
-qué bien. Por cierto mis papas van a hacer una reunión el
sábado en su departamento, ¿Por qué no la llevas?
-sí, ya veremos, lo que pasa es que andamos un poco ocupados.
-sí, cogiendo de seguro, pinches sucios jejeje. Pero en serio me
da gusto que hayas conocido a alguien carnalito.
Gregorio simuló una sonrisa y se encaminó a la puerta para ir a
trabajar.
-Ya me voy Luis, se me hace tarde, cuídate.
-Okey, oye, por cierto ¿cómo se llama?
-¿perdón?
-sí, la chica
-oh vale, se llama Mary.
Aquel día Gregorio trabajó muy a gusto y aparte emanaba de él
una vibra muy agradable y hasta a sus compañeros de trabajo se les hacía
extraño verlo así. En fin.
Ese día tuvo que quedarse a trabajar hasta tarde, por unos
pedidos de camisas que le habían encargado, pero no objetó, porque sabía que al
final del día estaría haciéndole compañía a su amada, en fin, su día laboral
había concluido y Gregorio se dirigió al hotel casi al filo de la medianoche,
cansado pero aún animoso pasó a la tienda por un par de cervezas y las guardó
en su mochila y siguió caminando y casi a media cuadra de llegar al hotel ni
siquiera volteó su vista hacia el anuncio, estaba cansado y lo único que quería
era quitarse los zapatos, beber una cerveza y platicar con Mary. En todo eso
pensaba Gregorio que ni siquiera se tomo la molestia de volver la vista hacia
donde estaba Mary antes de entrar al hotel.
Y así continuó su camino, recogió su llave en recepción como
todas las noches y subió las escaleras, introdujo su llave en la perilla de la
puerta y entró, hizo exactamente lo que predijo, se quitó los zapatos, sacó una
cerveza, la abrió y le dio un trago mientras abría tranquilamente las cortinas, pero algo andaba mal, ¡Mary no
estaba! Lo reemplazaba un anuncio de cereal azucarado a medio colocar.
Y por aquella ventana y aun incrédulo por el suceso, alcanzó a
ver a un sujeto que caminaba por la plataforma del poste terminando de colocar
lo que sería el nuevo anuncio espectacular.
Gregorio dejó caer su cerveza al suelo y aun descalzo salió
corriendo del hotel y sin fijarse de los coches cruzó puente de Alvarado. Y lo
que no se le había ocurrido o había previsto antes para estar más cerca de Mary
lo hizo esa noche, agitado, como pudo, subió las escaleras del poste de casi
siete u ocho metros de alto hasta llegar a la plataforma y le preguntó al tipo
- ¿Qué hiciste con el otro anuncio?
El sujeto sorprendido por su presencia le dijo
-amigo, no puedes estar acá arriba, bájate, borracho.
Y en ese momento Gregorio vio un rollo de lona envuelto que
estaba en la plataforma, sin duda era Mary, y cuando se agachó para recoger el
rollo, el sujeto le dio un empujón a Gregorio.
– no te puedes llevar eso, y mejor te bajas, o te bajo. Le dijo
el tipo.
Gregorio no cruzó palabra con el sujeto y por segunda vez
intentó recoger el rollo, pero el tipo forcejeaba con él para que dejara el rollo
en su lugar. Mientras Gregorio hablaba
con Mary
-No te preocupes amor, estaremos bien. Le decía al rollo de
lona.
Y como ninguno de los dos cedía, Gregorio recogió una pinza de
electricista que se hallaba en el suelo y atacó al tipo con ella, se la clavó
en el hombro haciéndole perder el equilibrio y así, el sujeto resbaló de la
plataforma hacia el vacío, pero con lo que pudo el sujeto logró sujetarse del
rollo que por cierto, Gregorio no soltó en ningún momento.
Y así, el sujeto colgaba con una mano en el rollo y tan sólo pasaron un par de segundos para
que la gravedad hiciera su trabajo. Gregorio, Mary, y el sujeto caían del
enorme poste, fue cuestión de segundos para que tocaran el suelo, y cuando
Gregorio abrió los ojos fue sólo para darse cuenta de que el tipo había caído
tan sólo a unos metros de él ya sin vida, y lo peor… Gregorio había caído sobre
una reja de acero, la cual le atravesaba el cuerpo desde el abdomen, hasta la
espalda, sin casi nada de fuerza, abrazó el rollo que lo había hecho tan feliz
como nada en su vida durante poco más de un mes, y así Gregorio yacía sobre
aquella cerca mientras su sangre resbalaba sobre ese pedazo de lona.
Días más tarde la prensa amarillista se interesó en la historia
y así, una fresca mañana de miércoles, la gente, la misma gente que circulaba
por las calles de la ciudad, la misma gente torpe y trajeada que empujaba para
llegar temprano a su trabajo, la misma gente que se impacientaba por que el
semáforo cambiara de color, la misma loca gente que tenía amantes tangibles, de
carne y hueso,
Abrían sus periódicos y leían con
desinterés una publicación de titulo que llevaba por nombre “Amor
espectacular”… y en menos de nada el diario acababa en la basura otra vez.