miércoles, 20 de noviembre de 2024

SABADERA

Corría el mes de diciembre de 2009, un frío y jodido diciembre. Me hallaba viviendo en el 11 de Obraje, con mi madre. Como en alguna otra ocasión habré contado, vivíamos en un cuarto de azotea de un viejo edificio en el centro de la ciudad. Nosotros, a cambio de no pagar renta, nos sometíamos a ligeras dosis de esclavitud, y con ello me refiero a hacer cosas como limpiar el edificio, tomar los recibos de renta de los vecinos para después llevárselos al dueño del edificio y, sobre todo, soportar las torpes caras de los vecinos todas las mañanas. También debíamos estar alertas para que nadie robara nada y mantener el orden del reino en el edificio. En fin, no estaba tan mal después de todo: tenía todo cerca, las tiendas, los centros comerciales (aunque los detestara), los mercados y los bares de mala muerte que visitaba con frecuencia. Sin contar que tenía una muy buena vista desde ahí arriba. Se podía admirar la Torre Latinoamericana, la cúpula del Palacio de Bellas Artes y parte de los edificios de Tlatelolco.

A pesar de que la zona era un bodrio perdido entre la división del Centro Histórico y la colonia Guerrero, no estaba del todo mal despertar y oler el aroma de esas inmortales mañanas, con vecinos que tenían tan malos gustos musicales que casi se volvía monótonamente adorable y jodidamente interminable. Otra de las cosas importantes que teníamos que hacer mientras viviéramos en aquel cuarto era que, cada vez que se desocupara un departamento, teníamos que mostrarlo y poner nuestras mejores caras de falsedad para que se rentara lo más rápido posible. La dinámica era simple: el dueño del edificio ponía un triste anuncio en el periódico (casi tan triste como el lugar) con los datos del departamento en cuestión y nuestro número telefónico, que por cierto era de las pocas cosas que nos pertenecían fuera del uso de mantenimiento y casi lo único que salía de nuestros bolsillos. Así que, si algún familiar llamaba en caso de emergencia, teníamos que atender primero al “cliente”, o como prefería llamarlo yo, “el pichón”. Y así, la persona que tuviera la emergencia se iba a quedar con ella, porque lo más importante para el dueño era que el departamento se rentara lo más rápido posible, aunque realmente para nosotros también era casi limitadamente relevante.
En aquel diciembre yo trabajaba como ayudante de cocina en un restaurante en la Narvarte llamado “Deli-Pollo”. Vaya jodido nombre. En fin, era la franquicia de un sujeto que tenía cuatro restaurantes en la misma cuadra: el más importante era Giorgios, un restaurante de comida italiana y el que generaba más, seguido de una parrilla argentina, uno de comida oriental y, al final y el más miserable y pequeño de la cuadra, un restaurante de comida mexicana donde el ingrediente principal era el pollo. Ahí todo el mundo, en especial los chefs, se ponían muy creativos con el pollo; no por nada el nombre “Deli-Pollo”.
Cuando salía de trabajar todas las tardes, aproximadamente a las siete, tenía que estar en casa lo más pronto posible para contestar llamadas relacionadas con el departamento en renta, ya que mi madre llegaba muy tarde de trabajar y en aquel entonces mi padre no paraba un pie en esa casa siquiera para hacernos ese favor; él estaba muy ocupado con sus aventuras. Así que abordaba el metro Eugenia, bajaba en la estación Hidalgo y caminaba. Era un verdadero infierno. A esa hora la gente se vuelve loca por llegar a sus casas: todos empujando, todos insultando, todos manoseando, todos sudando; en fin, todos locos, como siempre.
Llegaba a casa, compraba cervezas, bebía un par y comía lo que hubiera en el refrigerador, y para ser franco, mamá no cocinaba nada mal; tenía un buen toque. El teléfono sonaba como loco; las llamadas se hacían tumultuosas a esa hora del día. ¡Joder! ¿Por qué cuando llegaba de trabajar?
Así transcurrió la tarde, mi jornada concluyó y regresé a casa, compré cerveza, comí algo y, tal como había quedado, justo a las ocho de la noche alguien tocó el zaguán negro de la azotea. Salí a ver, y ahí estaba: una chica no muy alta, de tez blanca, cabello castaño y lindos pechos. Ella esperaba por alguien que le mostrara el departamento. Recuerdo que iba sola; pensé que alguien la acompañaría, pero no. He de admitir que me calentó a primera vista; tenía un muy lindo trasero, pero nada para volverse loco. Le dije que esperara un momento en lo que buscaba las llaves para abrir el departamento, y eso hice.
Cuando las encontré, me dirigí con ella y la llevé al departamento, que cabe decir, era lo que llamaría un departamento de azotea. No era como los demás, porque este estaba en la azotea, similar al que yo habitaba, sólo que más bonito. Entramos, le mostré todo el lugar y le pregunté si había problema si encendía un cigarrillo. Ella respondió que no, y de hecho, me pidió uno, que se lo encendí. Me dijo su nombre: Thay. Resulta que Thay y yo nos llevamos mejor de lo que imaginaba. Teníamos un par de cosas en común: ella tenía unos veintidós años cuando yo apenas tenía dieciocho y, mejor aún, era músico. Su padre era médico y llevaba un tiempo viviendo en Tlaxcala con su madre. La cosa se ponía interesante, y la verdad es que era una chica muy bonita.
Es más, las cosas fueron tan bien que a mitad del mes ella me invitaba a su departamento a tocar un par de canciones y fumar un poco de hierba. Era divertido, porque tocábamos, nos drogábamos, componíamos, y ella me mostraba lo que hacía, que en general era bossa nova y samba. De hecho, ya tenía un demo oficial, que en aquel entonces para mí ya era un nivel más arriba. Yo también le mostraba mis extrañas composiciones y alguna pieza de blues; en aquel entonces andaba un poco clavado con John Lee Hooker, me gustaba tocar canciones de ese tipo. Hacíamos buena mancuerna, y me caía mejor porque de una u otra forma se las ingenió para timar al dueño del edificio, diciendo que trabajaba en un restaurante llamado D’Polac Fórum como mesera, aunque en realidad era músico y cantaba bossa nova y jazz.
De alguna forma Thay se la ingenió para timar al dueño del edificio, diciéndole que trabajaba en un restaurante llamado D’ Polac Fórum como mesera, aunque no mentía del todo, ya que sí trabajaba ahí, solo que no como mesera, sino como músico. Cantaba bossa nova y jazz, pero por alguna razón al ingeniero, que era el dueño, le caían mal los artistas. En fin, yo realmente admiraba lo que hacía y me gustaba lo que componía; en serio era bueno y tenía futuro.
vYa en confianza, a veces me compartía un poco de una bebida llamada Pitú, como un aguardiente típico de Brasil que me gustaba mucho. Cabe mencionar que en ese lapso me quedé un par de veces en su departamento, y ustedes saben muy bien con qué intenciones. Un día, finalmente, me animé… pero ella terminó confesándome que era lesbiana, o al menos así se definía. Así que dejé de insistir. De hecho, una joven solía visitar su casa, aunque no me había dado cuenta de que era su novia. Al final, comencé a verla como una amiga; era como el amigo con vagina que nunca tuve. En fin, no fue un hecho tan relevante.
Así pasaron los días, y casi llegaba la Navidad. Justo el 25 de diciembre, estuve con ella en la mañana, fumando un buen porro en su departamento. Ese día yo tenía cosas que hacer y asumí que ella también, así que nos despedimos y acordamos vernos más tarde. Ayudé un poco en casa con la cena, la familia llegó después y, para resumir, comimos, bebimos y todos se fueron temprano. Ese año fue aburrido como todos. Solo quedábamos mi madre y yo. Ella había bebido un poco, así que se fue a dormir temprano, y yo decidí ir con Thay en la noche.
Nos pusimos a beber, charlamos y tocamos algo de música. Thay me dio un regalo de Navidad: una copia de su demo, que incluía cinco canciones. Me sentí un poco mal, ya que yo no le había regalado nada. Agradecí el gesto y seguimos bebiendo. Como a la una de la madrugada, estábamos un poco ebrios y colocados, y ella mencionó, de forma inesperada, que no estaría mal algo de sexo para la noche. Me sentí confundido, porque ella me había dicho que era lesbiana y que tenía novia, pero acepté.
Fui al baño a orinar mientras ella se preparaba. Al regresar, fui directo a la cama con ella. Sonaba música de su laptop, y empezamos. Ella comenzó besándome el cuello mientras le quitaba lentamente la blusa y besaba sus senos. Ella me bajó el pantalón y me hizo sexo oral, lo cual, he de decir, disfruté mucho, a pesar de estar algo intoxicado. Después, le hice sexo oral y continuamos; me recosté y ella se montó sobre mí, moviéndose con una habilidad impresionante. Luego le di la vuelta y, mientras la penetraba, noté que la cámara web de su laptop estaba encendida y nos estaba filmando. Me sentí raro al principio, hasta que vi, en una esquina del monitor, que su novia nos estaba observando y masturbándose con lo que veía. Entonces entendí que no nos grababa, sino que era una transmisión para su novia. No sabía qué pensar, pero al final, era su gusto, no el mío. Así que seguí con lo mío, limitándome a besar su espalda mientras la penetraba y acariciaba sus pechos. Ella arañaba ligeramente mis piernas, y eventualmente terminamos. Fue un gran momento.
Después, nos tumbamos en la cama y fumamos cigarrillo tras cigarrillo. Ella apagó la cámara, le mandó un beso a su novia y dormimos lo que restaba de la madrugada.
Días después, todo continuó normalmente; hasta le presté un par de películas porno y un disco de los Rolling Stones. Todo iba de maravilla hasta que, un día, regresé del trabajo y descubrí que su departamento estaba vacío. Ella se había ido sin siquiera despedirse, y sabía que no regresaría. Un par de días después, puse su demo en mi estéreo y lo escuché. Sonó el teléfono: era alguien pidiendo informes sobre el departamento en renta. No tardó mucho para que saliera el anuncio en el periódico, y continué escuchando el disco. En ese momento, sonaba una canción de su demo llamada “Sabadera”. Nunca supe qué significaba la palabra, y para ser honesto, nunca me interesó.
Y así fue como esa chica brasileña de cabello castaño y hermosos pechos se robó mis películas porno, mi disco de los Stones, y, si le hubiera dejado mi guitarra, seguramente se la habría llevado también. Al final, la historia quedó como algo curioso: desde un principio, yo quería jodérmela… y al final, ella me jodió a mí. Vaya chica.

Unos días después estaba a punto de salir a trabajar y mi madre me dijo que había una cita para la tarde, cuando yo regresara; era una chica brasileña. La verdad es que a mí sólo me gustaba (y “gustaba” es un decir) contestar llamadas, porque atender a la gente directamente no me agradaba mucho. Como fuere, la chica llegaría a las ocho de la noche a ver el departamento, y la verdad es que en escasas ocasiones visitaban extranjeros los departamentos, así que me dio mucha curiosidad, aunque nada fuera de lo normal.

miércoles, 13 de noviembre de 2024

Si la música es como un cigarrillo, el jazz es como un habano

Por Alfie.


Mi obsesión con el jazz no es en vano. La verdad es que, a pesar de que no me considero a mí mismo un músico jazzista, sí me considero un músico y un melómano. He tratado de educar mi oído durante años, para que una persona llegue y me diga que la música "Trap" que escucha es de gente millonaria e importante en el mundo. ¿Es lo único que les importa? ¿El dinero? Sí, con el dinero se vive bien. Paga tus deudas, tu comida, tus medicinas, tu alquiler... pero, ¿compras clase con ello? ¿Compras educación? Y no me refiero a comprar un libro o comprar arte; me refiero a la dedicación y disciplina de apreciarlos.

Siempre me he imaginado a la música como cigarros. En el mundo de la música hay mucha variedad: existe la música clásica eurocentrista, existe el barroco, existe el romanticismo, el contemporáneo, el jazz, el rock, el pop, el reguetón, el Trap, la música vernácula. Todos tienen su esencia, pero en lo particular, para mí el jazz es algo para decantar, como si la música fuera ese tabaco. No quiero sonar elitista, pero sabemos que allá afuera vas a cualquier tienda y consigues un paquete de cigarrillos. Claro, eso sí: algunos más baratos, algunos más caros, algunos de calidad superior, otros de calidad media, algunos sin filtro... pero también están esos cigarros especializados, los que son puro tabaco, los que se fuman en pipa. A veces la música clásica eurocentrista, sobre todo el barroco, se me hace como fumar en una pipa de madera, una grande.

Hay incluso marcas como Marlboro, que en algún tiempo fue símbolo de estatus, Lucky Strike, Camel, etc. Pero, si los destripas, por dentro tienen lo mismo: finas tiras de tabaco mal cortado y papel, sin contar todos esos químicos con los que tratan al tabaco, y las más de 600 sustancias cancerígenas que hay en el filtro. Para mí, la música popular es como esos cigarrillos, variada pero llena de lo mismo: de industria, de búsqueda de bienes y dinero y de temas vacíos. Sobre todo el cáncer: la industria (ojo, no la música) es justamente ese cáncer, algo que te invade desde adentro. Y ya sé que quieres morir lentamente... si no, pregúntenle a todos aquellos que trabajaron con Puff Daddy.


En cambio, para mí el jazz es como un habano o como un puro. El jazz que es como un habano es todo aquel que nace y muere en la ciudad de Nueva Orleans, en Nueva Jersey, en Nueva York; que se ha sentado por años y que, al igual que esa música, nunca sale de la isla de Cuba sino para comercializarse. También puede ser como un puro que, aunque es hecho en casa (puede ser cualquier país del mundo), tiene toda la esencia de la zona, como el jazz que se cultiva en Veracruz, que es un estado con mucha historia del jazz y que, en la sección de percusiones, permite incluir la marimba, ya sea veracruzana o chiapaneca, dentro de su música.

Hace tiempo tuve la oportunidad de visitar San Andrés Tuxtla, donde se hacen varias marcas de tabaco porque su suelo fértil tiene el privilegio de dar las mejores semillas, no sólo de la región, sino de toda la República. Hay artesanos que dejan secar una hoja por más de un año, algunos con métodos complejos pero artesanales, como el hecho de dejarlos secar al fuego con leña en galeras, lo cual definitivamente, al momento de prenderlo y probar el tiro, tiene un sabor robusto, fuerte, a veces con notas de cacao tostado, a veces con un ligero sabor a vainilla que va y viene, por lo menos en el segundo tercio del puro. Algo así, algo así es el jazz para mí: una música que, a pesar de ser compleja, es para todo el mundo, pero no cualquier persona que la consuma va a saber descifrar todo lo que hay dentro.

Así como hay un lenguaje muy específico en el jazz, que es en el que personalmente me enamora, desde tener una partitura enfrente y darte cuenta de qué estilo es (si es un swing, si es un vals, si es bebop, si es hard bop), la etiqueta vendría siendo como el estándar. Los conocedores ya saben de qué les estás hablando cuando les hablas de "Solar", de "Blues for Alice", "Donna Lee", "Autumn Leaves", etc. Creo que, del mismo modo, los conocedores saben qué viene en la tripa, en el capote y en la capa; saben a qué les sabe y saben disfrutarlo, aunque el promedio de fumada sea incluso de dos horas o hasta tres, dependiendo de la vitola. Lo que lo hace bueno no es el tiempo de fumado, sino la experiencia. Incluso, fumando uno de la misma vitola, de la misma galera, de la misma tripa, capote, capa y etiqueta, quizá no te va a volver a saber a lo mismo la próxima vez que fumes uno de esa misma categoría, porque pueden estar hechos por manos diferentes, aunque dentro del mismo molde.

Y lo mismo pasa con los estándares de jazz: lo puedes tocar una y otra y otra vez, en noches diferentes, con duración diferente, con músicos diferentes, y, a pesar de que es el mismo estándar, la misma etiqueta, la misma vitola, todas las noches va a saber diferente, con diferentes notas, con diferentes texturas. En el caso del tabaco, puedes encontrar un humo cremoso con notas herbales y, en otra ocasión, puedes encontrar notas tostadas. Al hacer el retrogusto, vas a encontrar heno, pasto, café, cacao... Un sinfín de cosas que yo no podría describirte más allá de lo que cada persona escuche dentro de su propia percepción.

Porque, sí, al igual que puedes salir a la calle y ver a mucha gente con sus audífonos, todos allá afuera tendrán sus propios gustos, y es válido, está bien. Incluso puedes afirmar que el jazz es aburrido, y no tendría por qué molestarme, porque así como ves a toda esa gente con sus audífonos allá afuera, escuchando cosas diferentes, también puedes encontrar a gente en la calle fumando tabaco de todo tipo: Marlboro, Camel, Winston, pero todos van tan de prisa que ya ni siquiera disfrutan el tabaco. Ya sólo es un hábito al salir de la oficina, al salir de la escuela, al transportarse de un punto A a un punto B. Siento que a veces la gente fuma sólo por fumar, ya no tanto por gusto. Yo, cuando fumaba ese tipo de tabaco de papel, había veces que ya sólo lo fumaba por costumbre y porque mi cuerpo lo necesitaba, no tanto porque lo estuviera disfrutando.

Y lo mismo pasa con el jazz: tal vez a la gente se le hace aburrido porque hay veces que necesitas tiempo para dedicarle a una buena escuchada, para decir “¡caray, qué buena frase fue esa del contrabajo!”. Creo que lo mismo pasa con esta música: no es una música que vas a encontrar en grandes festivales o algunos que sean muy ruidosos. Va a haber veces que esta música también va a ser ruidosa, pero también tiene matices, dinámicas, pianísimos, fortísimos, a veces crescendo, a veces decrescendo, sin contar que, a diferencia de lo dañino que es inhalar el humo directo a tus pulmones o lo que tragas por la garganta, con el puro sólo es un tema de retrogusto, de saborearlo, de llevarlo al paladar.

De igual manera, la música comercial e industrial se lleva hasta tu inconsciente, haciéndote querer comprar mercancía costosa y sin ningún propósito.

En fin, no digo que esta sea la mejor alegoría que pueda haber comparando la música con el tabaco, pero creo que podemos aprender varias cosas a partir de aquí. Sea el género que escuches, tomarte el tiempo para descifrar lo que está pasando creo que a veces, hasta en la música más comercial y que pareciera efímera, hay cosas que rescatar, como en aquel solo de piano de “Saoko” de la Rosalía. Sólo es cuestión de sentarse y escuchar, de sentarse, fumar y disfrutar, porque creo que hay una constante tanto en la música como en el acto de fumar un puro, y es que ambos son un buen instrumento para traerte al momento presente. Hacer acto de presencia es el mejor antidepresivo y el mejor ansiolítico que puede haber, todo natural, sin antidepresivos y sin clonazepam. Sólo disfrutando el momento, sin preocuparse por el mañana ni estresarse por el ayer.

domingo, 10 de marzo de 2024

Oppenheimer Y el auto flagelante viaje del héroe


Como todos los años, suelo escribir un poco acerca de una de mis pasiones que es el cine y la televisión, aunque estoy consciente de qué este espacio lo ocupo muy pocas veces, pero siempre para hablar honestamente del fenómeno que es el cine hoy día. El día de hoy se celebran los premios de la academia, Como todos los años siempre hay una favorita para llevarse la mayoría de premios y este año no la excepción. La favorita es Oppenheimer dirigida por Christopher Nolan Y que si bien cuando salió a mediados del año pasado, prometí hacer una de las cintas más espectaculares por su formato IMAX Y por qué como siempre, Nolan Traía una propuesta diferente con esta película, siempre fan de la ciencia ficción, aunque un poco más de la ciencia, antes de esta peli no había traído Tenet, que desde mi punto de vista fue tibia, pero creo que el punto era claro Y en cuanto la partitura musical, fue un buen cierto, por parte de Ludwing göransson, De quién ya he hablado infinidad de veces, y que en esta ocasión con Oppenheimer ha vuelto a trabajar junto a Christopher Nolan.

En esta ocasión nos trajo el Biopic Por excelencia de una de las celebridades de la física que es Robert Oppenheimer, eso todos los sabemos. Creo que a esta altura ya todos sabemos de qué va la peli y los que fuimos a verla al cine Sabemos que visualmente es simple y sencillamente espectacular… Pero.

En mi experiencia con los biopics, La verdad es que tengo cierto amor-odio por ellos, No puedo decir que los odio porque cuando salió “control” Película que narra la vida de Ian Curtis, vocalista de Joy Division, no pude evitar Romantizarla y O en su momento, Tuvieron que pasar unos años para darme cuenta de que Lo que hacía la película, en realidad era contar hechos, exacerbados acerca de la vida del cantante, cosas que quizá, en realidad, ni siquiera pasaron, pero vale la pena por ver un Film en blanco y negro acerca del punto más elegido hasta la decadencia de uno de los héroes del Post británico, En efecto, las películas biográficas suelen ser pretenciosas, también siendo un gran admirador de Charles bukowski En la literatura, no puedo evitar hablar de sus películas, biográficas como “factótum” “Barfly” (Que a pesar de qué hace un pequeño cameo Charles Bukowski, Es la que menos me gusta) Y “ordinaria locura” Que para no ser una película tradicional americana, la verdad es que lo hace bastante bien. Pero todas son patrañas, Por lo menos, a grandes rasgos, ya que nos cuentan el viaje del héroe, que tanto nos gusta, como Seguir los pasos de Walter, White en Breaking Bad, o Travis Bikle en taxi Driver, Lo cierto es que las películas biográficas son algo de lo que más deja dinero en Hollywood. Y justamente hablando de Hollywood, como ya mencioné hoy se celebran los Oscares y una de las favoritas y con más dominaciones es Oppenheimer y que en las premiaciones que suelen ser la antesala al Oscar (BAFTA, critics choice awards, emmys, etc) Oppenheimer ha sido la favorita en cuanto a dirección, Actor principal, actor, secundario, partitura, musical, etc.

Lo que me pone pensar que quizás la gente le gusta eso, el viaje del héroe, la tortuosa necesidad de contar una historia llena de culpas, intriga por parte del personaje, sobre todo un personaje de la vida real, aunque muchos se le ha criticado a Nolan por sólo Verlo desde el punto de vista del protagonista, Robert Oppenheimer, Y no volteará un poco la historia nipona Y las consecuencias que tuvo para el pueblo japonés, Lo cierto es que a la gente le gusta eso. 

Como ya lo he dicho, en ocasiones anteriores, los Oscares son la mayor prostituta del cine, y uno de los robos más informes fueron todas esas nominaciones que tuvo el año pasado pasado Babylon de Damien Chazelle, Ya que todas no se llevó ni siquiera uno y uno de los que más coraje me dio fue el robo de la banda sonora, ya que definitivamente se lo merecía y se lo terminaron dando a” All quiet in the western front” pon una partitura así bien para nada débil, definitivamente nada meritoria para ese premio de la academia, y ¿ A qué viene todo esto?

Pues sencillamente que tomando a consideración la corta carrera de este director joven que es Damien Chazelle, Nos ha dado películas musicales, bastante interesantes y con un tilde Acentuando el género del jazz como “whiplash” De 2014 “Lalaland” Y justamente antes de dar a conocer la infame Babylon, el director hizo una pequeña pausa en las películas de música para hacer una cinta autobiográfica de Neil Armstrong, si ya saben el ingeniero que viajó a La luna en el Apolo 11, Interpretado por Ryan Gosling Y la verdad es que le fue bastante bien, tuvo también algunas nominaciones y se llevó un par de premios, Lo que me puso a pensar a mí, y seguramente también a Damien, Que la gente le gusta el viaje del héroe, Ese infame viaje del héroe. Pero cuando tuvo las agallas para asumir su privilegio y hablar, no mal, sino la verdad acerca de la industria de Hollywood que está más podrida cada día, el mismo Hollywood le envió un mensaje dándole entender, que aquí sólo mis chicharrones truenan…

Triste, si cierto, también, Es por eso que a pesar de qué este año hubo películas bastante interesantes, a pesar de la huelga de Hollywood, Salieron a flote de películas como poor Things De yorgos Lanthimos, anatomía de una caída, zona de interés en lo personal, fue una de mis favoritas que no es de habla inglesa Y también otra de mis favoritas que al parecer no mucha gente vio y no mucha gente tomó en cuenta que es “American Fiction” Y entre todas ellas la favoritas sigue siendo Oppenheimer, y no me lo tomé mal. La película no me pareció mala simple, sencillamente creo que hay muchos otros méritos para otras películas y otros directores que siguen estando debajo del agua, porque al igual que damien chazelle, Se siguen atreviendo a hacer cosas diferentes que si bien nos retan directamente a industria hollywoodense, si dicen “Mírame cabrón, aquí estoy soy diferente”

La moraleja de esta historia (Si es que la hay) Es que, A los grandes tiranos, productores, críticos, pseudo escritores Californicanos, Se les olvida que las historias están por encima del dinero y como alguna vez dijo Bart Simpson, “el espectáculo es una diosa corrompida“ 

jueves, 17 de noviembre de 2022

Argentina 1985 o el poder de la justicia social.

 Argentina 1985 o el poder de la justicia social.


Una de las combinaciones más poderosas para mí, son; las leyes y el periodismo, ambas, tienen un maridaje muy, pero muy cabrón, así como para quienes ya me conocen, saben, que soy amante de la música, pero siempre tengo el gusto por combinar, y una de esas combinaciones, es el punk y el jazz y tú te preguntarás ¿Qué chingados tiene qué ver el punk y el jazz?
Y la respuesta es que bastante, verás, el punk viene de los barrios bajos de Londres, si bien un ambicioso Malcolm McLaren, se benefició de una estética, que en aquellos entonces no valía verga, justamente como hoy día, lo cierto es, que era un movimiento honesto, si elitismo, sin presunciones, sólo querer gritar, beber, echar un buen desmadre y pasarla bien con los compas. Y Por otro lado, el jazz, sale de los barrio bajos de la nueva Orleans, y sí, como en el caso anterior, siempre hay alguien queriéndose beneficiar, en éste caso no sé si en verdad quería, pero, tenía el suficiente talento, el que se autodenominara padre y fundador del jazz jelly roll Morton, tenía una ambición clara, pero, a su vez, honesta, y es que son géneros muy distintos, pero, de cierta manera sofisticados y salvajes, y eso es lo que hace que a la hora de pedir la carta en este restaurant de 3 estrellas, llamado melomanía, hagan éste excelente maridaje. Y lo mismo pasa (por lo menos para mí) con las leyes y el periodismo, me acabo de ver “Argentina 1985” y perdón por el spoiler, es una puta joya, en verdad, sé que ya he dicho esto de otras pelis, pero, si lo dije, es porque lo son. Y es que, hoy día, la industria del cine está carcomida por el cine de super héroes, no me malentiendas, también soy consumidor, pero, hay que aceptar que el fan service y el pésimo CGI hecho por cansados, fastidiados y sobre explotados creadores de efectos, es la carta con manchas de café y de comida del comensal anterior en esta fonda con cucarachas y pelos en la comida llamada “industria del entretenimiento”
La verdad es que es una película que encuentro totalmente fresca, combina dos elementos de los cuáles ya hablé, que son el periodismo y el derecho, y es que, ambos, nacen como una necesidad, uno, para informar y el otro, para buscar justicia, y si bien, como en el caso del jazz y el punk, son cosas totalmente distintas, la verdad es que maridan chingón, creo que simple y llanamente, ambas, buscan la verdad.
Y a pesar de que la verdad sea algo que es, en parte un concepto difícil de entender, la realidad es que muchas cabezas ruedan al año por ello, por ejemplo, yo a la semana tengo que revisar un montón de guiones que están plagiados, sólo porque el guionista le dio hueva hacer su parte de la chamba y okey, voy de acuerdo, yo,no soy periodista, pero, necesito escribir sinceramente para poder pagar mi renta, si hago trampa, no sólo me engaño a mí, sino a mis clientes, quienes tarde o temprano, les caerá un strike por incumplimiento, en este caso, plagio.
Esto, la verdad es que me ha enseñado mucho a querer buscar la verdad a la hora de escribir, si bien, no soy periodista, pues, tratar de escribir con el mayor rigor periodístico. Desafortunadamente, México y bueno, Latinoamérica, es el peor lugar para ejercer el periodismo, y si te dedicas a las leyes y eres de los “buenos” pues, puede que corras con el mismo destino. Una desgracia.
Y precisamente de esto va argentina 1985, en medio de uno de los mayores juicios político-militares, un Fiscal Strassera, apoyado por un grupo de jóvenes con el único ideal de ver caer a aquellos ex comandantes que cometieron atrocidades a diestra y siniestra durante la dictadura militar y sean enjuiciados. A medida de que avanza la peli, te hacen sentir parte de ellos, si es que tienes un resquicio de justicia social en la sangre, pero también la paranoia que invade a los personajes en cierto momento, la cuál, es demás justificada. Y no considero que sea una película patriótica, tal vez algo inclinada (en demasía ) al peronismo, pero, en definitiva, una oda salvaje hacia aquellos que reprimieron y torturaron, algo que los mexicanos sabemos de sobremanera… si sabremos de fachos.
Y bueno, puta, ni hablar de la banda sonora, una orquesta de primera línea, tocando una partitura bastante peculiar, la verdad, no se encuentra música así en una película a diario en una película, un tanto misteriosa al estilo de carmina burana, pero retomando y reivindicando el género noir, el balance entre el periodismo y la abogacía, es soberbio, en busca de la verdad, por momentos recordé daredevil de Marvel, me la he visto últimamente y es una serie que me agrada por la misma razón, porque va de la mano con la astucia de Karen page en busca de la verdad y el sentido de justicia del abogado y diablo de hell’s kitchen, Matt Murdock.
La verdad, es una película, que me llegó mucho, así que, si pueden verla, dénsela. Está en Amazon Prime video. Pero si no, siempre está Cuevana. Bendito Dios.

sábado, 31 de julio de 2021

 

 AMOR ESPECTACULAR


Andando en el coche con su hermano mayor, este último y Gregorio se encaminaban a dejar un par de cosas al nuevo departamento de sus padres, quienes recientemente se acababan de reconciliar tras años de separación y es que el padre había sido infiel a la señora durante un  tiempo, en fin, todas las relaciones son extrañas y complicadas, nada novedoso.

 

Y respecto a Gregorio, él era un joven de veintitrés años que  de edad que había abandonado la preparatoria, era alto y casi siempre callado y el menor de cinco hermanos, todos ellos con una carrera profesional, bueno, excepto el que le seguía después del mayor, él no tenía una carrera, pero bien era gerente de una tienda de autoservicio al sur de la ciudad. El punto en sí, es que todos ellos eran independientes y se podían servir por sí mismos y quizás por aquella razón, Gregorio se sentía un tanto distante de su familia, por eso y por ser el menor de todos. Muy aparte de ello, Gregorio trabajaba en una fábrica de textiles cerca de la estación del metro Juárez, trabajo en el que por cierto apenas generaba lo suficiente como para pagar parte de la renta que compartía con su hermano mayor Luis. Luis por otro lado tenía una carrera de contaduría y con su empleo en el gobierno ganaba bastante bien, por lo menos para pagar la renta del departamento y patrocinar los gastos para que Gregorio acabase la escuela, pero realmente Luis prefería que Gregorio trabajara duro para que viera lo difícil que es ganarse la vida, sobre todo si no tienes estudios, o por lo menos eso solía decirle a manera de ocultar su tacañería, en fin y como iba contando.

 

Aquella mañana de jueves, no era muy diferente a las demás, los autos circulaban bulliciosamente por las avenidas, el eje central se veía taponeado por los tumultos de autos y de gente desesperada y esperando a que los pigmentos vidriosos de los semáforos cambien de color, sobre el paseo de la reforma la torpe, trajeada e impaciente gente, empujando por llegar temprano a trabajar otro día más. Y todas esas cosas que ves a diario en una gran urbe como lo es el DF. Y “nada mejor” para Gregorio que pasar su día libre llevando cosas al departamento de sus padres. En aquellos días libres, Gregorio prefería quedarse en casa a leer un libro o a ver tele, porque para ser honestos el buen Gregorio, no tenía ningún talento artístico ni mucho menos, ni era carismático y aborrecía aquellas reuniones de fin de semana con sus compañeros del trabajo, y aun mayor… a sus compañeros de trabajo, pero Gregorio se las arreglaba para sobrevivir en un mundo lleno de banalidad y en donde la tecnología restaba creatividad a la gente, o por lo menos con ese discurso se reafirmaba a sí mismo para seguir adelante. En fin y regresando a lo del auto, Gregorio tenía la mirada perdida a través del cristal del copiloto, miraba con atención la ciudad y el entorno que le rodeaba mientras escuchaba distraídamente la obsoleta charla de su hermano y de cómo se había chingado a unos gringos con unos trámites burocráticos, en fin, nada especial. Así transcurrieron algunas calles, hasta que Luis hizo alto en un semáforo en rojo, Gregorio casi inevitablemente volvió su mirada hacía un anuncio espectacular que se encontraba en una esquina, el anuncio era de una marca de ropa, pero no fue eso lo que en aquel momento encandiló de manera sublime a Gregorio, sino la modelo del anuncio.

Era hermosa, quizá para los demás transeúntes era una nimiedad, pero para él, fue lo más bello que había visto en su vida.

 

En ese momento, Gregorio dejó caer las gafas de sol que llevaba en las manos tan sólo para admirar a aquella bellísima modelo que posaba tranquilamente en aquel pedazo de lona adherible, fue, como muchos suelen decir, amor a primera vista. El anuncio, estaba en alguna esquine sobre puente de Alvarado. El siga se puso y Luis piso el acelerador y mientras el coche estaba en marcha, Gregorio no resistió el impulso así que inesperadamente y como acto reflejo tomó el volante del coche y lo jaloneó, mientras forcejeaba con Luis, hasta que Luis lo empujó y le gritoneo hasta que Gregorio soltó el volante.

 

-No chingues cabrón, ¿qué mierdas te pasa? Gritaba Luis enojado.

Luis paró en una esquina por el susto que se había llevado, mientras gritoneaba a Gregorio, pero él estaba en una especie de trance, digería la imagen de aquel espectacular, aquella hermosa mujer, de pelo negro, piel blanca y redondos y lindos pechos invadían su cabeza, pero cuando por fin logró entrar en razón, por fin escucho los gritos de su hermano, a lo que respondió:

 

-Perón, me sentí mal, estaba mareado.

Así sin más continuaron su camino acompañado de sermones por parte de Luis acerca de lo del volante.

 

Así pasaron unos dos días, Gregorio no podía esperar para salir de trabajar e ir a aquella esquina para admirar a la mujer del espectacular, y cuando por fin salió del trabajo y pudo observar una vez más a esa mujer con aquella sonrisa de metro y medio de largo, Gregorio sintió una paz interna, nada en el mundo lo había hecho sentir tan seguro en su vida.

Pensó incluso en investigar el nombre de la modelo y sacar alguna información y esas cosas, pero por alguna razón, pensó que eso le restaría emoción a todo, así que se limitó a echar flores a aquel anuncio.

 

Y así transcurrieron un par de semanas y Gregorio indiscutiblemente después del trabajo acudía a verla, ahí, parado, hasta se le ocurrió la idea de tomar de todos sus ahorros y rentar una habitación diario, en un hotel que se encontraba en frente de la calle donde estaba el anuncio y hasta hizo un trato con el gerente del hotel para que esa habitación estuviera reservada sólo para él. Y todas las noches durante casi un mes, Gregorio iba al hotel, bebía un par de cervezas y conversaba con la chica del anuncio, a quien por cierto había bautizado como Mary.

 

De pronto, hasta el mismo Gregorio se dio cuenta de que enamorarse y hacer todas esas cosas que hacía por ver a la chica de un anuncio espectacular, era de locos, y eso que siempre creyó que perdería la cabeza tarde o temprano, pero ¡mierda! ¿Por qué más temprano que tarde? Pensaba.

Y es que quizá y tan sólo quizá, no estuviera ton loco, loca la gente común, loca la gente que se enamora de otra gente, gente que se queja todo el tiempo a espaldas del otro, que se son infieles, y que se quejan y pelean todo el tiempo por tonterías, pero en cambio, Mary estaba siempre ahí, incondicionalmente tan sólo para él, ella lo escuchaba sin  emitir ningún juicio (evidentemente) él era feliz con ella, hasta planeaba casarse con ella, y ¿por que no? Ir a vivir juntos.

 

Transcurrían los días normalmente y Gregorio seguía con su vida, trabajaba y saliendo del trabajo se dirigía al hotel, pedía su llave, y se dirigía a la habitación 206 la cual tenía vista perfecta hacia el anuncio y ahí se sentaba, tan sólo para ver a su amada.

 

Pronto a Luis se le hacía raro que Gregorio no llegara al departamento o que  sólo pasara de vez en cuando para darse un baño o dormir, y era extraño para Luis ya que Gregorio no era de parrandear, así que un día temprano cuando lo encontró  en el departamento, lo abordó y le pregunto, por qué no llegaba a dormir.

 

-Es que he conocido a alguien y paso mucho tiempo con ella. Respondió Gregorio.

-¡hey! Qué bien hermano, me da gusto, y ¿está bonita?

- Más de lo que te imaginas. Respondió Gregorio.

-y ¿Dónde la conociste? Preguntó Luis

- pues la conocí por ahí. Respondió Gregorio cortante.

-qué bien. Por cierto mis papas van a hacer una reunión el sábado en su departamento, ¿Por qué no la llevas?

-sí, ya veremos, lo que pasa es que andamos un poco ocupados.

-sí, cogiendo de seguro, pinches sucios jejeje. Pero en serio me da gusto que hayas conocido a alguien carnalito.

Gregorio simuló una sonrisa y se encaminó a la puerta para ir a trabajar.

-Ya me voy Luis, se me hace tarde, cuídate.

-Okey, oye, por cierto ¿cómo se llama?

-¿perdón?

-sí, la chica

-oh vale, se llama Mary.

 

 

Aquel día Gregorio trabajó muy a gusto y aparte emanaba de él una vibra muy agradable y hasta a sus compañeros de trabajo se les hacía extraño verlo así. En fin.

Ese día tuvo que quedarse a trabajar hasta tarde, por unos pedidos de camisas que le habían encargado, pero no objetó, porque sabía que al final del día estaría haciéndole compañía a su amada, en fin, su día laboral había concluido y Gregorio se dirigió al hotel casi al filo de la medianoche, cansado pero aún animoso pasó a la tienda por un par de cervezas y las guardó en su mochila y siguió caminando y casi a media cuadra de llegar al hotel ni siquiera volteó su vista hacia el anuncio, estaba cansado y lo único que quería era quitarse los zapatos, beber una cerveza y platicar con Mary. En todo eso pensaba Gregorio que ni siquiera se tomo la molestia de volver la vista hacia donde estaba Mary antes de entrar al hotel.

 

Y así continuó su camino, recogió su llave en recepción como todas las noches y subió las escaleras, introdujo su llave en la perilla de la puerta y entró, hizo exactamente lo que predijo, se quitó los zapatos, sacó una cerveza, la abrió y le dio un trago mientras abría tranquilamente  las cortinas, pero algo andaba mal, ¡Mary no estaba! Lo reemplazaba un anuncio de cereal azucarado a medio colocar.

 

Y por aquella ventana y aun incrédulo por el suceso, alcanzó a ver a un sujeto que caminaba por la plataforma del poste terminando de colocar lo que sería el nuevo anuncio espectacular.

 

Gregorio dejó caer su cerveza al suelo y aun descalzo salió corriendo del hotel y sin fijarse de los coches cruzó puente de Alvarado. Y lo que no se le había ocurrido o había previsto antes para estar más cerca de Mary lo hizo esa noche, agitado, como pudo, subió las escaleras del poste de casi siete u ocho metros de alto hasta llegar a la plataforma y le preguntó al tipo - ¿Qué hiciste con el otro anuncio?

 

El sujeto sorprendido por su presencia le dijo

-amigo, no puedes estar acá arriba, bájate, borracho.

 

Y en ese momento Gregorio vio un rollo de lona envuelto que estaba en la plataforma, sin duda era Mary, y cuando se agachó para recoger el rollo, el sujeto le dio un empujón a Gregorio.

– no te puedes llevar eso, y mejor te bajas, o te bajo. Le dijo el tipo.

 

Gregorio no cruzó palabra con el sujeto y por segunda vez intentó recoger el rollo, pero el tipo forcejeaba con él para que dejara el rollo en su lugar. Mientras Gregorio hablaba  con Mary

-No te preocupes amor, estaremos bien. Le decía al rollo de lona.

 

Y como ninguno de los dos cedía, Gregorio recogió una pinza de electricista que se hallaba en el suelo y atacó al tipo con ella, se la clavó en el hombro haciéndole perder el equilibrio y así, el sujeto resbaló de la plataforma hacia el vacío, pero con lo que pudo el sujeto logró sujetarse del rollo que por cierto, Gregorio no soltó en ningún momento.

 

Y así, el sujeto colgaba con una mano en el rollo  y tan sólo pasaron un par de segundos para que la gravedad hiciera su trabajo. Gregorio, Mary, y el sujeto caían del enorme poste, fue cuestión de segundos para que tocaran el suelo, y cuando Gregorio abrió los ojos fue sólo para darse cuenta de que el tipo había caído tan sólo a unos metros de él ya sin vida, y lo peor… Gregorio había caído sobre una reja de acero, la cual le atravesaba el cuerpo desde el abdomen, hasta la espalda, sin casi nada de fuerza, abrazó el rollo que lo había hecho tan feliz como nada en su vida durante poco más de un mes, y así Gregorio yacía sobre aquella cerca mientras su sangre resbalaba sobre ese pedazo de lona.

 

Días más tarde la prensa amarillista se interesó en la historia y así, una fresca mañana de miércoles, la gente, la misma gente que circulaba por las calles de la ciudad, la misma gente torpe y trajeada que empujaba para llegar temprano a su trabajo, la misma gente que se impacientaba por que el semáforo cambiara de color, la misma loca gente que tenía amantes tangibles, de carne y hueso,

Abrían sus periódicos y leían con desinterés una publicación de titulo que llevaba por nombre “Amor espectacular”… y en menos de nada el diario acababa en la basura otra vez.

viernes, 23 de abril de 2021

 Nomadland o la otra cara del exilio

Por Alfie

 


Hablar de la última película de la directora Chloé Zhao, es hablar de un cúmulo de cosas que están mal con el sistema de pensiones de los Estados Unidos de América, una crítica directa y abrupta a la otra cara de la nación del dólar, precisamente, hablando del “infame” dólar y el sistema capitalista de cuál en muchos momentos de la película se hace alusión, es pieza fundamental para entender un poco acerca de la gente que se auto exilia en una nación tan grande como los Estados Unidos, la película nos narra la vida de Fren (Frances McDormand) que si se les hace reconocida, es porque vieron almost famous, o Transformers de2011 incluso trabajó al lado de Wess Anderson en isla de perros, aunque su carrera, va más atrás, por allá de los ochentas, pero, retomando, Fren, a raíz de la muerte de su esposo y de una crisis económica en los estados unidos, “decide” y digo “decide” (porque es lo que más me fascinó de este film) llevar su vida a bordo de una vieja camioneta VAN, va de lado a lado, el estilo de la película toma un ritmo lento, pero vaya, no me malentiendas, es lenta, mas no aburrida y sabe llevar ese ritmo de cabo a rabo,  lo que decía al principio de el estilo de vida de los Norte americanos, más acercado al frenético consumismo, puede verse al momento que nuestra protagonista entra a trabajar a las famosas fábricas de Amazon, podemos ver la producción en línea y a los empleados interactuando como la clase trabajadora, listando, etiquetando y empacando, poniéndonos en contraste a todo lo que no es Fren, a todos los que están fuera del sistema, de ese “american way of life” y es que si no estás dentro, estás jodido,  o por lo menos eso pareciera que nos quiere insertar en la cabeza todo ese asunto de las compras digitales, pero Fren, está lejos de ello, un sistema de pensiones jodido, justo como en tantos otros países, eso aunado a que se nos va revelando dentro de una narrativa muy interesante desde mi punto de vista, muy poco diálogo, pero muy sobrio y muy cercano y familiar a la realidad a la que la mayoría estamos acostumbrados.



A Fren, le gusta viajar, no le gusta estar quieta, conoce a varios personajes, humanos, entrañables, nada inverosímil, ella viaja a donde la lleve el viento, incluso deja el trabajo en Amazon, lo cuál, para muchas personas, sería imperdonable, es un monstruo del monopolio, trabajar hoy día para la empresa de Jeff Bezos, es sinónimo de algo bueno, o por lo menos eso pareciera.

Nuestra protagonista pareciera estar huyendo la mayor parte del tiempo, incluso, rechazando intereses amorosos, solitaria y vagabunda, únicamente con lo necesario para viajar, comida enlatada, una cama, un balde para sus heces, lo suficiente para ser una nómada con todas las letras de la palabra.

Una película que es necesaria, que escudriña hasta el más mínimo detalle, casi un research y parafernalia de las cosas que hacen los nómadas, como los motociclistas que se cuidan a otros, una comunidad amorosa, pero a la vez que tiene que partir en caminos diferentes, para mí, simplemente, Humana.



Una crítica muy acertada de cómo un país, obliga a los suyos, a una comunidad que pareciera no tener más importancia que la de los migrantes, en síntesis, la suma de los rechazados, son los forzados al “auto exilio”

Tras ganar “Premio del público” en el festival de cine de Toronto y “Mejor Director” en “Los globos de oro” y bueno, la celebración de los premios Oscar, se aproximan,  se encuentra lista para competir para el tan esperado certamen, a tan sólo unos días de la celebración, mi predicción es que por lo menos, premio a mejor fotografía, sí se debería de llevar y es que los parajes y locaciones en el Deep south, todo el sur de los estados unidos, el desierto en Nevada, las calles solitarias, merecen una ovación, como dije,  el ritmo de la película que no desacelera ni acelera por un momento, hacen que Nomadland, sea una de mis favoritas del año, junto con Minari de Lee Issac Chung. Pero ese ya será tema para más tarde… literalmente.


Ahí les dejo mis redes por si quieren seguirme

https://linktr.ee/elkinsalfie

miércoles, 21 de abril de 2021

DÍA LIBRE...

Abrí los ojos, con lagañas en los ojos aún, me dirigí al baño, me rasqué la cabeza, me di un masaje rápido en la cara para quitarme el sueño, tomé un poco de jabón,

uno que ya parecía un mini balón de futbol americano, ya desgastado y agrietado,

lo remojé en el agua hasta que hiciera algo de espuma, me lavé la cara con la

poca que le salió al jabón, me gustaba ese olor a jabón después de lavarte la cara

y te secas con la toalla. No suelo ser tan positivo por las mañanas, pero

en verdad ¿qué pedo con ese jabón? hice pipí y salí del baño, sólo con un pants, descalzo y sin playera, hacía calor.

 

Pensar en el día a día, en la misma rutina, sales de la cama, te cepillas los dientes, cagas, te das un baño medio caliente, desayunas y te diriges a tu carro y te preparas para el round número uno del día, pelearte con el pinche tráfico del D.F, (ahora la llaman CDMX, pero a mí me vale madres, yo le sigo llamando así) claro, eso si eres de  esa parte de la población que se transporta en carro, para los mortales como tú que lees esto (si es el caso) y que eres jodido como yo, que nos tenemos que meter por las escaleras de metro Hidalgo, como topos en sus madrigueras, mareados y medio apendejados por salir sueñosos y a veces sin desayunar, con el tufo de las tortas de afuera del metro, ya saben, de esas tortas de puesto de latón blanco, les ponen nombres de artistas, la "Gloria Trevi" de milanesa con quesillo, La "Luis Miguel" de tres  ingredientes, de salchicha

pierna y quesillo, puedes cambiar el quesillo por queso amarillo, y claro, no podía faltar la cubana, la "Niurka" esa, mi hermano, ya sabes que lleva, de todo.

¿Con rajas o chipotle? eso es chingarle desde temprano, es de las pocas cosas buenas de transportase de un lado a otro en esta ciudad.

Y a propósito de ello, de la comida, hoy día, sí que te puedes ir a comer una de esas tortas, todo un manjar, claro que las cosas cambiaron a raíz de la pandemia, ahora, la gente va a comer con cubrebocas, gel antibacterial y sana distancia, ahora es más común, pero, cuando empezó la pandemia, era un desmadre para encontrar un local abierto, parece que fue ayer, que salía con mi novia a dar el rol al parque de la china, a comer esquites (elote en vaso si eres del norte) a caminar tomaditos de la  mano, buenos tiempos, la gente piensa que las cosas sólo han trasmutado, que es "lo mismo", honestamente, yo no lo creo, sí, soy de esas personas que el cambio le afecta demasiado, en fin.

A raíz del aislamiento, me dejé crecer la barba, como los beatles cuando se fueron a la India. Después de lavarme la cara, me dirigí a la cocina, me serví un cereal y me senté en la mesa, muy cerca de la puerta donde da la lavadora para que me pegara un poquito el sol, estaba leyendo un blog que me encontré en internet, acerca de los "Hikikomori" es un término japonés para una persona que ha dejado las actividades en el exterior, empleos, y escuela, amigos y se han enclaustrado en sus casas para no salir jamás, a veces los envidiaba, pero no del todo, porque, tienen empleos desde casa, o algunos estudian desde casa. Las causas reales de aquel aislamiento social, varían, algunas de esas personas, sufrían abusos en sus escuelas, o trabajos, otros tantos, se hartaron de ser parte del Status Quo y simplemente, pusieron cerrojo a sus puertas para nunca más volverlas a abrir.

Algo que me parecía interesante de aquel artículo, fue que, algunos hikikomori, estando plenamente consciente de su situación, adoptaban ciertos hábitos, para no ser presa fácil de una muerte prematura, (evidentemente, no es bueno estar encerrado y aislado del mundo exterior) por lo que sabían que al no estar expuestos al sol, debían consumir vitamina D, para suplir la falta de tal vitamina que produce cuando la piel se expone directamente al sol, cosa que muchos hicimos al momento de estar enclaustrados, viendo "Venga La Alegría" si es que no tienes televisión por cable, Vitamina C para reforzar sus defensas, ya que la agorafobia que experimentaban, les impedía ir al médico en caso de una enfermedad viral,  bacteriana, o bien un accidente.

Leyendo aquel artículo sobre este fenómeno nipón, me di cuenta que la realidad es que no estábamos muy lejos hoy día de aquella realidad y de sentir en carne propia lo que esa gente siente, pasaban muchas cosas por mi cabeza en ese momento.

Salí de mi trance y fui otra vez a la cocina, sabía que era temprano, pero me valía madre, era mi día libre, tomé una cerveza que estaba tomando en el refri, la abrí y   le di un sorbo, estaba algo quemada, un sabor un tanto metálico, como cuando entras a un bar del centro y pides una cheve, siempre te dan la más quemada (por no decir la más culera) no me gustó, la dejé en el fregadero me dirigí al refri y tomé otra, más de la parte de hasta atrás, fría, sudorosa, de esas que cuando la sacas sientes que se te va a caer por el sudorcito, así, rica y con mi destapador viejo y descolorido de "corona" abrí mi cerveza y la tomé, casi media botella de un jalón, como dije, hacía calor.

Sonó mi teléfono, me acerqué un poco para revisar, era mi amigo césar, quería salir, terminé mi cerveza, me puse un cubrebocas y me dirigí a verlo, qué curioso que vive muy cerca del metro Hidalgo, me daban ganas de ver si estaban abiertas esas tortas.

Salí, por fin, el sol me pegaba en la cara.