miércoles, 20 de noviembre de 2024
SABADERA
A pesar de que la zona era un bodrio perdido entre la división del Centro Histórico y la colonia Guerrero, no estaba del todo mal despertar y oler el aroma de esas inmortales mañanas, con vecinos que tenían tan malos gustos musicales que casi se volvía monótonamente adorable y jodidamente interminable. Otra de las cosas importantes que teníamos que hacer mientras viviéramos en aquel cuarto era que, cada vez que se desocupara un departamento, teníamos que mostrarlo y poner nuestras mejores caras de falsedad para que se rentara lo más rápido posible. La dinámica era simple: el dueño del edificio ponía un triste anuncio en el periódico (casi tan triste como el lugar) con los datos del departamento en cuestión y nuestro número telefónico, que por cierto era de las pocas cosas que nos pertenecían fuera del uso de mantenimiento y casi lo único que salía de nuestros bolsillos. Así que, si algún familiar llamaba en caso de emergencia, teníamos que atender primero al “cliente”, o como prefería llamarlo yo, “el pichón”. Y así, la persona que tuviera la emergencia se iba a quedar con ella, porque lo más importante para el dueño era que el departamento se rentara lo más rápido posible, aunque realmente para nosotros también era casi limitadamente relevante.
lunes, 27 de julio de 2020
Del pachuco y otros extremos Ó Extremistas canceladores
lunes, 11 de mayo de 2020
Míralos comer

Fui al médico hace dos semanas, y le platiqué todo, ya saben cómo es la rutina, le platiqué de mi malestar del estómago, de que ando muy, muy ansioso, quizás por el covid, quizá por el desempleo, quizá porque no tengo dinero, quizás porque no tengo ya dinero gracias al desempleo, en fin.
Me mandó una dieta, sin café, lo sé, es como en mi peor pesadilla, todo el mundo sabe que la cafeína forma parte de mi ser, no corre café amerícano o de olla por mis venas, sólo porque sé que si me lo inyecto, me muero.
También me mandó a mi fiel amigo, mi compañero de cerca de los treintas, el bromuro de pinaverio, cada 12 horas, omeprazol una vez al día antes del desayuno y complejo B, para los nervios, mmm … no me convenció eso, pero lo tomé igual, y la verdad es que poco ha mejorado mi problema, quizá me estreso de más, el punto es que después de cada comida sufro, y es doblemente doloroso, pero amo la comida y necesito comer, pero estos últimos dos días disfruto algo más…
Ver comer a mis sobrinos. Sí, yo sé que suena como una cursilería, o algo sacado de película de holywood, pero en verdad, a la hora de la comida, cuando nos reunimos en la mesa y están mis pequeños monstruos, disfruto mucho de verlos comer, de cómo Horus se embarra su carita aún de crema cuando come taquitos fritos de pollo, o cómo hace sonidos al tomar el agua de Jamaica en su vasito favorito mientras se limpia con su manguita, de cómo Sam cuenta sus chistes simples mientras le da cucharadas enormes a su sopa de fideos, de cómo suena el metal de la cuchara contra la cristalería de los platos, los mordiscos, el crunch, cruch, digno de un ASMR. Uno disfruta más sus alimentos así, pero bueno, supongo que el tiempo pasa factura de las cosas locas que hice cuando más joven, igual veré alternativas para no inflamarme tanto, por lo mientras disfrutaré de cuando nos alimentamos y me digo en mis interiores; Míralos comer.

