Mostrando entradas con la etiqueta alfie. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta alfie. Mostrar todas las entradas

miércoles, 20 de noviembre de 2024

SABADERA

Corría el mes de diciembre de 2009, un frío y jodido diciembre. Me hallaba viviendo en el 11 de Obraje, con mi madre. Como en alguna otra ocasión habré contado, vivíamos en un cuarto de azotea de un viejo edificio en el centro de la ciudad. Nosotros, a cambio de no pagar renta, nos sometíamos a ligeras dosis de esclavitud, y con ello me refiero a hacer cosas como limpiar el edificio, tomar los recibos de renta de los vecinos para después llevárselos al dueño del edificio y, sobre todo, soportar las torpes caras de los vecinos todas las mañanas. También debíamos estar alertas para que nadie robara nada y mantener el orden del reino en el edificio. En fin, no estaba tan mal después de todo: tenía todo cerca, las tiendas, los centros comerciales (aunque los detestara), los mercados y los bares de mala muerte que visitaba con frecuencia. Sin contar que tenía una muy buena vista desde ahí arriba. Se podía admirar la Torre Latinoamericana, la cúpula del Palacio de Bellas Artes y parte de los edificios de Tlatelolco.

A pesar de que la zona era un bodrio perdido entre la división del Centro Histórico y la colonia Guerrero, no estaba del todo mal despertar y oler el aroma de esas inmortales mañanas, con vecinos que tenían tan malos gustos musicales que casi se volvía monótonamente adorable y jodidamente interminable. Otra de las cosas importantes que teníamos que hacer mientras viviéramos en aquel cuarto era que, cada vez que se desocupara un departamento, teníamos que mostrarlo y poner nuestras mejores caras de falsedad para que se rentara lo más rápido posible. La dinámica era simple: el dueño del edificio ponía un triste anuncio en el periódico (casi tan triste como el lugar) con los datos del departamento en cuestión y nuestro número telefónico, que por cierto era de las pocas cosas que nos pertenecían fuera del uso de mantenimiento y casi lo único que salía de nuestros bolsillos. Así que, si algún familiar llamaba en caso de emergencia, teníamos que atender primero al “cliente”, o como prefería llamarlo yo, “el pichón”. Y así, la persona que tuviera la emergencia se iba a quedar con ella, porque lo más importante para el dueño era que el departamento se rentara lo más rápido posible, aunque realmente para nosotros también era casi limitadamente relevante.
En aquel diciembre yo trabajaba como ayudante de cocina en un restaurante en la Narvarte llamado “Deli-Pollo”. Vaya jodido nombre. En fin, era la franquicia de un sujeto que tenía cuatro restaurantes en la misma cuadra: el más importante era Giorgios, un restaurante de comida italiana y el que generaba más, seguido de una parrilla argentina, uno de comida oriental y, al final y el más miserable y pequeño de la cuadra, un restaurante de comida mexicana donde el ingrediente principal era el pollo. Ahí todo el mundo, en especial los chefs, se ponían muy creativos con el pollo; no por nada el nombre “Deli-Pollo”.
Cuando salía de trabajar todas las tardes, aproximadamente a las siete, tenía que estar en casa lo más pronto posible para contestar llamadas relacionadas con el departamento en renta, ya que mi madre llegaba muy tarde de trabajar y en aquel entonces mi padre no paraba un pie en esa casa siquiera para hacernos ese favor; él estaba muy ocupado con sus aventuras. Así que abordaba el metro Eugenia, bajaba en la estación Hidalgo y caminaba. Era un verdadero infierno. A esa hora la gente se vuelve loca por llegar a sus casas: todos empujando, todos insultando, todos manoseando, todos sudando; en fin, todos locos, como siempre.
Llegaba a casa, compraba cervezas, bebía un par y comía lo que hubiera en el refrigerador, y para ser franco, mamá no cocinaba nada mal; tenía un buen toque. El teléfono sonaba como loco; las llamadas se hacían tumultuosas a esa hora del día. ¡Joder! ¿Por qué cuando llegaba de trabajar?
Así transcurrió la tarde, mi jornada concluyó y regresé a casa, compré cerveza, comí algo y, tal como había quedado, justo a las ocho de la noche alguien tocó el zaguán negro de la azotea. Salí a ver, y ahí estaba: una chica no muy alta, de tez blanca, cabello castaño y lindos pechos. Ella esperaba por alguien que le mostrara el departamento. Recuerdo que iba sola; pensé que alguien la acompañaría, pero no. He de admitir que me calentó a primera vista; tenía un muy lindo trasero, pero nada para volverse loco. Le dije que esperara un momento en lo que buscaba las llaves para abrir el departamento, y eso hice.
Cuando las encontré, me dirigí con ella y la llevé al departamento, que cabe decir, era lo que llamaría un departamento de azotea. No era como los demás, porque este estaba en la azotea, similar al que yo habitaba, sólo que más bonito. Entramos, le mostré todo el lugar y le pregunté si había problema si encendía un cigarrillo. Ella respondió que no, y de hecho, me pidió uno, que se lo encendí. Me dijo su nombre: Thay. Resulta que Thay y yo nos llevamos mejor de lo que imaginaba. Teníamos un par de cosas en común: ella tenía unos veintidós años cuando yo apenas tenía dieciocho y, mejor aún, era músico. Su padre era médico y llevaba un tiempo viviendo en Tlaxcala con su madre. La cosa se ponía interesante, y la verdad es que era una chica muy bonita.
Es más, las cosas fueron tan bien que a mitad del mes ella me invitaba a su departamento a tocar un par de canciones y fumar un poco de hierba. Era divertido, porque tocábamos, nos drogábamos, componíamos, y ella me mostraba lo que hacía, que en general era bossa nova y samba. De hecho, ya tenía un demo oficial, que en aquel entonces para mí ya era un nivel más arriba. Yo también le mostraba mis extrañas composiciones y alguna pieza de blues; en aquel entonces andaba un poco clavado con John Lee Hooker, me gustaba tocar canciones de ese tipo. Hacíamos buena mancuerna, y me caía mejor porque de una u otra forma se las ingenió para timar al dueño del edificio, diciendo que trabajaba en un restaurante llamado D’Polac Fórum como mesera, aunque en realidad era músico y cantaba bossa nova y jazz.
De alguna forma Thay se la ingenió para timar al dueño del edificio, diciéndole que trabajaba en un restaurante llamado D’ Polac Fórum como mesera, aunque no mentía del todo, ya que sí trabajaba ahí, solo que no como mesera, sino como músico. Cantaba bossa nova y jazz, pero por alguna razón al ingeniero, que era el dueño, le caían mal los artistas. En fin, yo realmente admiraba lo que hacía y me gustaba lo que componía; en serio era bueno y tenía futuro.
vYa en confianza, a veces me compartía un poco de una bebida llamada Pitú, como un aguardiente típico de Brasil que me gustaba mucho. Cabe mencionar que en ese lapso me quedé un par de veces en su departamento, y ustedes saben muy bien con qué intenciones. Un día, finalmente, me animé… pero ella terminó confesándome que era lesbiana, o al menos así se definía. Así que dejé de insistir. De hecho, una joven solía visitar su casa, aunque no me había dado cuenta de que era su novia. Al final, comencé a verla como una amiga; era como el amigo con vagina que nunca tuve. En fin, no fue un hecho tan relevante.
Así pasaron los días, y casi llegaba la Navidad. Justo el 25 de diciembre, estuve con ella en la mañana, fumando un buen porro en su departamento. Ese día yo tenía cosas que hacer y asumí que ella también, así que nos despedimos y acordamos vernos más tarde. Ayudé un poco en casa con la cena, la familia llegó después y, para resumir, comimos, bebimos y todos se fueron temprano. Ese año fue aburrido como todos. Solo quedábamos mi madre y yo. Ella había bebido un poco, así que se fue a dormir temprano, y yo decidí ir con Thay en la noche.
Nos pusimos a beber, charlamos y tocamos algo de música. Thay me dio un regalo de Navidad: una copia de su demo, que incluía cinco canciones. Me sentí un poco mal, ya que yo no le había regalado nada. Agradecí el gesto y seguimos bebiendo. Como a la una de la madrugada, estábamos un poco ebrios y colocados, y ella mencionó, de forma inesperada, que no estaría mal algo de sexo para la noche. Me sentí confundido, porque ella me había dicho que era lesbiana y que tenía novia, pero acepté.
Fui al baño a orinar mientras ella se preparaba. Al regresar, fui directo a la cama con ella. Sonaba música de su laptop, y empezamos. Ella comenzó besándome el cuello mientras le quitaba lentamente la blusa y besaba sus senos. Ella me bajó el pantalón y me hizo sexo oral, lo cual, he de decir, disfruté mucho, a pesar de estar algo intoxicado. Después, le hice sexo oral y continuamos; me recosté y ella se montó sobre mí, moviéndose con una habilidad impresionante. Luego le di la vuelta y, mientras la penetraba, noté que la cámara web de su laptop estaba encendida y nos estaba filmando. Me sentí raro al principio, hasta que vi, en una esquina del monitor, que su novia nos estaba observando y masturbándose con lo que veía. Entonces entendí que no nos grababa, sino que era una transmisión para su novia. No sabía qué pensar, pero al final, era su gusto, no el mío. Así que seguí con lo mío, limitándome a besar su espalda mientras la penetraba y acariciaba sus pechos. Ella arañaba ligeramente mis piernas, y eventualmente terminamos. Fue un gran momento.
Después, nos tumbamos en la cama y fumamos cigarrillo tras cigarrillo. Ella apagó la cámara, le mandó un beso a su novia y dormimos lo que restaba de la madrugada.
Días después, todo continuó normalmente; hasta le presté un par de películas porno y un disco de los Rolling Stones. Todo iba de maravilla hasta que, un día, regresé del trabajo y descubrí que su departamento estaba vacío. Ella se había ido sin siquiera despedirse, y sabía que no regresaría. Un par de días después, puse su demo en mi estéreo y lo escuché. Sonó el teléfono: era alguien pidiendo informes sobre el departamento en renta. No tardó mucho para que saliera el anuncio en el periódico, y continué escuchando el disco. En ese momento, sonaba una canción de su demo llamada “Sabadera”. Nunca supe qué significaba la palabra, y para ser honesto, nunca me interesó.
Y así fue como esa chica brasileña de cabello castaño y hermosos pechos se robó mis películas porno, mi disco de los Stones, y, si le hubiera dejado mi guitarra, seguramente se la habría llevado también. Al final, la historia quedó como algo curioso: desde un principio, yo quería jodérmela… y al final, ella me jodió a mí. Vaya chica.

Unos días después estaba a punto de salir a trabajar y mi madre me dijo que había una cita para la tarde, cuando yo regresara; era una chica brasileña. La verdad es que a mí sólo me gustaba (y “gustaba” es un decir) contestar llamadas, porque atender a la gente directamente no me agradaba mucho. Como fuere, la chica llegaría a las ocho de la noche a ver el departamento, y la verdad es que en escasas ocasiones visitaban extranjeros los departamentos, así que me dio mucha curiosidad, aunque nada fuera de lo normal.

lunes, 27 de julio de 2020

Del pachuco y otros extremos Ó Extremistas canceladores


Del arte de la procrastinación, regreso a mi pluma, mi vida y obra no será obsoleta, pienso, Quizás pensó lo mismo Octavio Paz. Y más aún si eres asiduo a la lectura, sabrás de lo que hablo, o quizá no, no estás obligado, nadie lo está. Aquí lo verdaderamente relevante es llegar a un punto, o quizás no, Ponte de acuerdo de una buena vez, quizás sólo se trate de crear más dudas. ese es el arte de procrastinar y  pensar un poco...
Quizás demasiado.

Bueno, nada de esto es novedad, nos (me) hemos encontrado con un reciente fenómeno, uno que quizás está sobre valorado, pero pasará de moda, o le cambiaremos el nombre, porque es lo que hemos venido haciendo desde hace mucho tiempo, me refiero a la cultura de la cancelación, no voy a dar muchos detalles, hoy me siento cansado y esto es un Blog, maldita sea. pero en fin, aquí vamos, empezó en México, hace unos años con Juan Cirerol y su polémico Tuit. si no sabes de qué hablo, búscalo. pasaron un par de años y siguió Chumel torres, ya saben, pastel imposible, luego un youtuber comediante, ya ni siquiera diré que atacó a AMLO (Y por atacar, me refiero que hizo un Sketch que lleva haciendo años) pero en fin. 
lleva más años en el extranjero, le pasó a james Gunn, le pasó a Woody Allen, le ha pasado a mucha gente, y no debatiré si es ético o no, porque cada caso es diferente.
pero, por lo menos en México, me parece un discurso simplista decir "es que todo es racismo y clasicismo y elitismo"
nunca confíen en esa gente, son los más clasistas, racistas y elitistas, se los digo por experiencia, chicos. 
si estás molesto por un  show, no seas tonto, apaga la tele y ya, no vayas a quejarte con los cientos de shows racistas y homófobos que hay en tele abierta. El defeño es más culero con la gente de otros estados, sobre todo si tiembla, pero, nunca ofendas al defeño, porque se llevan, pero no se aguantan. nunca te confíes de ellos,te lo dice uno de ellos.

Abandono ahora, porque mi discurso se ha vuelto más simplista que el tuyo ahora.

Queremos estátus y lo queremos en forma de ropa, reconocimiento, el mal llamado éxito que nos han querido vender durante años, quizá, consumismo, capitalismo y fama van de la mano, el argumento del detractor es que "consumas nacional", pero cancelas lo nacional, y si ya existe, que no es para ti, es mala comedia, es mala música, es mala comida, el mexicano se come entre ellos, como caníbales. compones rap, algo que nació en EUA, pero te molesta su humor y te molesta si hacemos humor similar, dices que no tenemos identidad, pues tienes toda la maldita razón, el mexicano no tiene identidad, y no por gusto, nos la robaron hace más de 500 años, no lo digo yo, lo dice Octavio Paz.

A mí, en lo personal, me vale madres, nadie es una orden de tacos para ser cancelada, yo seguiré viendo "Take The Money And Run" de Woody allen,  porque me gusta y a ti tampoco te importa su hija oriental, no te molestes en googlear su nombre, en el fondo no te interesa, no te molestes, por buscar, quién es  Juan cirerol, porque vas a decir que su música es MIERDA, no te molestes en buscar quién es James gunn, porque tampoco e interesa qué tuiteó, sólo sabes que te mama ver guardianes de la galaxia volumen, uno y dos, mi prójimo, Hipócrita, mi hermano.

lunes, 11 de mayo de 2020

Míralos comer



Ya llevo como unas dos o tres semanas que me ando sintiendo muy estresado, y no sé a partir de cuándo, se le ocurrió a mi sistema nervioso mandar esos impulsos al estómago, ¿conocen a los peces globo? Bueno, pues así.


Fui al médico hace dos semanas, y le platiqué todo, ya saben cómo es la rutina, le platiqué de mi malestar del estómago, de que ando muy, muy ansioso, quizás por el covid, quizá por el desempleo, quizá porque no tengo dinero, quizás porque no tengo ya dinero gracias al desempleo, en fin.


Me mandó una dieta, sin café, lo sé, es como en mi peor pesadilla, todo el mundo sabe que la cafeína forma parte de mi ser, no corre café amerícano o de olla por mis venas, sólo porque sé que si me lo inyecto, me muero.


También me mandó a mi fiel amigo, mi compañero de cerca de los treintas,  el bromuro de pinaverio, cada 12 horas, omeprazol una vez al día antes del desayuno y complejo B, para los nervios, mmm … no me convenció eso, pero lo tomé igual, y la verdad es que poco ha mejorado mi problema, quizá me estreso de más, el punto es que después de cada comida sufro, y es doblemente doloroso, pero amo la comida y necesito comer, pero estos últimos dos días disfruto algo más…


Ver comer a mis sobrinos. Sí, yo sé que suena como una cursilería, o algo sacado de película de holywood, pero en verdad, a la hora de la comida, cuando nos reunimos en la mesa y están mis pequeños monstruos, disfruto mucho de verlos comer, de cómo Horus se embarra su carita aún de crema cuando come taquitos fritos de pollo, o cómo hace sonidos al tomar el agua de Jamaica en su vasito favorito mientras se limpia con su manguita, de cómo Sam cuenta sus chistes simples mientras le da cucharadas enormes a su sopa de fideos, de cómo suena el metal de la cuchara contra la cristalería de los platos, los mordiscos, el crunch, cruch, digno de un ASMR. Uno disfruta más sus alimentos así, pero bueno, supongo que el tiempo pasa factura de las cosas locas que hice  cuando más joven, igual veré alternativas para no inflamarme tanto, por lo mientras disfrutaré de cuando nos alimentamos y me digo en mis interiores; Míralos comer.


martes, 21 de abril de 2020

"Sólo en México Y en Los Simpsons"



(Diarios de coronavirus)

Me levanto del colchón donde duermo, me levanto algo entumido, algo tieso, algo, como diría mi madre; tullido. Camino descalzo por el pasillo tallándome los ojos y llego al baño, soy narcisista por defecto, entonces veo mi lánguida imagen frente al espejo y a pesar de estar “gordito” soy engaña pendejos,  quizá me lo crean, quizás no, pero me veo muy bien recién levantado, soy una maraña de pelo sobre la capa que cubre mi cerebro, a pesar de ser moreno, me veo un tanto pálido y ojeroso, (no, no estoy enfermo) Abro la llave del agua fría y tomo un poco con ambas manos y me llevo el chorrito directo a la cara para desapendejarme, sacudo mi cabeza como mono salvaje, el agua está fría y hago un ruidito como de mono au, au, me seco con la toalla de manos. Doy un par de pasos a la derecha y alzo la tapa del inodoro,  tiro la primera meada de la mañana, es color normal, color pipí,le dicen; “coquita de piña” pa’ los milenials, le bajo a la taza, y me lavo las manos, salgo de ahí para prepararme el primer café de la mañana, los niños están dormidos aún, así que disfruto de esos pocos momentos de quietud durante el día, es todo un arte hacer café por las mañanas, creo que es de las pocas cosas que disfruto desde que era niño a la fecha, uno le va perdiendo emoción a hacer ciertas cosas, pero siento que he conservado cierta inocencia en mí  a través de los años, como pararse a tomar un plato con frutilupis, o ver caricaturas cuando me levanto  temprano, soy muy fan de los simpsons y bob esponja, más de los simpsons a la fecha que escribo esto, incluso aquí en México adoptamos un dicho que dice: “Sólo en México  en los simpsons” ya saben, un pueblo de gente que tiene “Más abstensionismo  de votos que todos los demás” o donde es muy común ver a un “Don soborno”  ya saben “Guiño, guiño” o qué tal cuando se desató un virus en china que llegó hasta Springfield. No lo sé, tal vez algún día pase algo en el mundo de talla mundial como ésta pandemia que nos recuerde a que ya lo habíamos visto en algún episodio de los simpsons. Y es que ¿cómo no? Son el excelente referente para cualquier suceso de la vida cotidiana,  pero más allá de ello, la serie de la típica familia Americana, que pareciera a su vez, ser un eufemismo  de la familia mexicana, pero de una manera más vulgar. De hecho estaría bueno que acá la violencia intrafamiliar, el soborno, el juego y el robo fuera una broma así, pero, de hecho por eso TODOS amamos a los Simposns, porque son comedia, y en sí, la comedia, según los griegos antiguos, es “la ridiculización de los vicios de la conducta humana”. 



Es una de esas series que está tan, pero tan bien escritas que nunca temieron escribir “mal” de la FOX, porque en pocas palabras; no existe la mala publicidad. Pero, ¿qué tiene que ver todo esto con el Covid-19?  Ah bueno, es que ahora que convivo tiempo de sobra con ellos (en realidad casi siempre, siempre estoy al pendiente de sus necesidades emocionales) pues, ven lo que veo, escuchan lo que yo escucho, el otro día mi hermano  fue a la casa y se dirigió a Horus y le dijo “tengo tu nariz” a lo que el pequeño contestó “y yo tu billetera” era casi como si hubiera practicado esa frase para ese momento en especial… He creado un monstruo.



últimamente  he visto mucho los simpsons, no importa si estoy lavando trastes, lavando ropa, o lo que sea, menos trabajando, es imposible concentrarse, pero  tengo la costumbre de verlos cuando estoy ansioso, es como para acallar un poco al Alfie malo, y funciona, a veces los veo antes de ir a dormir, escribo en el buscador de Facebook (y no me malentiendan, lo uso para compartir memes, porque todo el mundo sabe que Facebook es la red donde tu mami comparte cadenas de oración) y escribo “Simpsons en vivo” y pongo un “en vivo” que me agrade, de preferencia los viejitos, no sé si sea el que los diálogos son predecibles en tu cabeza, pero te dan cierta seguridad” todo el mundo sabe que los “nuevos” son bazofia, es la peor bazofia que he visto, todo es bazofia, malditos simpsons, arruinaron a los simpsons… 



como sea, antier en el stand up favorito de toda la familia Mexicana, “la Mañanera” se dio a conocer que se  agregó un mes más a la cuarentena, todos reanudarán actividades hasta el 1° de Junio, (en el cumple de Ambitar) la gente está un poco cansada, obvio los que sí estamos cuidándonos, los casos de violencia en el hogar han subido, los suicidios también, el precio del petróleo se desplomó  y no necesitas ser un genio en economía o ser un experto en el tema para intuir que para que el crudo de petróleo se haya vendido a precio negativo es un síntoma de una mala economía y de un pésimo momento para la industria petrolera a nivel mundial y como si fuera poco, El doctor más popular y novio de tu mamá. López gattel acaba de declarar la fase 3, pareciera ser un alivio que se esté frenando un tanto la curva de contagios, pero, veremos…



uno no puede evitar estar tenso con tanta cosa, pero mi consejo el día de hoy, por si se sienten agobiados, es… Vean los simpsons, si tiene un rato libre, después de trabajar, de hacer home office, de ver cómo Javier Alatorre la caga monumentalmente en televisión nacional, dénse ese chance de ver los thompsons, si no están clavados con su espiritualidad, o han acabado un cursillo como yo, dense grasa, en serio, aliviana mucho, como cuando eran niños, quizá les de la oportunidad de estar en contacto con su niño interior y consentirlo un rato, yo me consentiré un rato, y a mis sobrinos también. Quiéranse, apapáchense, que estamos vivos… Sólo por hoy. No olviden prepararse un buen cereal,  ver un par de episodios de los Simpsons a la semana si es que se quieren relajar… pero de los viejitos.