
Fui al médico hace dos semanas, y le platiqué todo, ya saben cómo es la rutina, le platiqué de mi malestar del estómago, de que ando muy, muy ansioso, quizás por el covid, quizá por el desempleo, quizá porque no tengo dinero, quizás porque no tengo ya dinero gracias al desempleo, en fin.
Me mandó una dieta, sin café, lo sé, es como en mi peor pesadilla, todo el mundo sabe que la cafeína forma parte de mi ser, no corre café amerícano o de olla por mis venas, sólo porque sé que si me lo inyecto, me muero.
También me mandó a mi fiel amigo, mi compañero de cerca de los treintas, el bromuro de pinaverio, cada 12 horas, omeprazol una vez al día antes del desayuno y complejo B, para los nervios, mmm … no me convenció eso, pero lo tomé igual, y la verdad es que poco ha mejorado mi problema, quizá me estreso de más, el punto es que después de cada comida sufro, y es doblemente doloroso, pero amo la comida y necesito comer, pero estos últimos dos días disfruto algo más…
Ver comer a mis sobrinos. Sí, yo sé que suena como una cursilería, o algo sacado de película de holywood, pero en verdad, a la hora de la comida, cuando nos reunimos en la mesa y están mis pequeños monstruos, disfruto mucho de verlos comer, de cómo Horus se embarra su carita aún de crema cuando come taquitos fritos de pollo, o cómo hace sonidos al tomar el agua de Jamaica en su vasito favorito mientras se limpia con su manguita, de cómo Sam cuenta sus chistes simples mientras le da cucharadas enormes a su sopa de fideos, de cómo suena el metal de la cuchara contra la cristalería de los platos, los mordiscos, el crunch, cruch, digno de un ASMR. Uno disfruta más sus alimentos así, pero bueno, supongo que el tiempo pasa factura de las cosas locas que hice cuando más joven, igual veré alternativas para no inflamarme tanto, por lo mientras disfrutaré de cuando nos alimentamos y me digo en mis interiores; Míralos comer.
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