(Diarios de coronavirus- reseñas de discos)
La herencia de la música de John Coltrane, trae consigo un
sinfín de matices de valor intrínseco, desde los recuerdos de el primitivo
tambor africano que nos recuerda los Timbales usados en “A Love
Supreme”, pasando por la compleja secuencia armónica al estilo belá bartok que
sin querer plasmó en una de sus obras más reconocidas (Giant Steps) hasta recuerdos
de la capital de Singapur.
Parecieran lejanos aquellos años sesenta, con la moda de los
pantalones acampanados, las campañas en contra de la guerra, un John Lennon más
cerca de su amor por Yoko que por la banda con la que se inició en Liverpool,
pero una década se dice mucho, por ejemplo ¿qué pasaba en 1963? Bueno, el 5 de
Agosto de ese año, Estados Unidos, la Unión Soviética y el Reino Unido, firmaban
“el tratado de prohibición parcial de ensayos nucleares” ese mismo año, pero el
23 de Noviembre, reino unido estrena lo que sería una de las series con más
relevancia y éxito en su lengua natal “Dr Who” y aprovechando que mencioné a
John Lennon, ese mismo año, pero un 8 de abril nace el hijo de John, Julian
Lennon. Claro, un año relevante, sobre todo para el tema que nos reúne hoy,pero
un par de años antes, ahí, en lo Underground, en lo bajo, en lo que pareciera
nadie notar, en el año 1957 Bajo el nombre de Prestige Records, nace el álbum “Dakar”
de John Coltrane. Pero, Alto ahí, en realidad los créditos son de Pepper Adams
y Cecil Payne y originalmente fue pensado para que Coltrane fuera un “sideman”
un acompañamiento, como miles Davis en “Somethin’ else” de Cannonball Aderley, pero sin robarse el
protagonismo y el álbum fue meramente un “reissue” de un solo lado de 16RPM de
nombre “Baritones and French Horns”, otra cosa que es imporntante aclarar es
que los créditos de la primer grabación de estos experimentos, estaba bajo los
créditos de “Prestige All Star” y no fue hasta 1963 que el crédito se le dio a
coltrane, quizá por el tema de que su carrera iba en ascenso, En fin.
Para la grabación del disco se tenía pensado al hijo pródigo de
los esotéricos, Thelonious Monk en el piano, pero por alguna cuestión, terminó
grabando el pianista Mal waldron, y el personel para esa grabación quedó así:
John Coltrane a su noble sax tenor, Cecil Payne y Pepper Adams al Barítono,
como ya dije, Mal Waldron al piano, Doug Watkins al contrabajo y un sincopado
Art Taylor en la batería, fue así como nos darían un para nada desapercibido
por la crítica “Dakar”.
El álbum abre con la pieza Homónima del álbum “Dakar” con la
potencia pulmonar del barítono e incorporándose poco a poco, Coltrane se pinta
solo para lo que mejor sabe hacer, mientras Art Taylor Juguetea con el tom de
piso y el aro del mismo alternando su swing a cuatro cuartos, dejándonos listos
para el próximo tema que es “Marys’s Blues” con un barítono chirriante, casi
obsceno en la entrada y de manera magistral incorporándose al Bop-head, la
improvisación por parte de todos los músicos, jamás de los jamases podría
decepcionarnos, ya casi al final, se sube el tempo abruptamente, un Double
time. En “Route 4” Art Taylor acompaña a Coltrane en su entrada, para después
subir el matiz e incorporar a un vívido up tempo swing, es aquí cuando Mal
Waldron nos sorprende con su Agilidad para improvisar entre pasajes bien
creados para volver a casa siempre, a la Tónica. Y Art Taylor entra en su
primer solo en todo el Album.
La primer Balada “Velvet Scene” es sublime, y tenemos a un John
siendo tan Coltrane, casi como en una que otra pieza de “Soultrane”.
“Witches Pit” nos regresa un poco al rítmo original, más rápido,
pero sutil, pero nunca agresivo, en la improvisación escuchamos los típicos “cuartos”
que es una mirada rápida a la batería por cuatro compases (generalmente) y
volviendo a un lick de instrumentos turnados.
Y ya por útlimo tenemos el tema “Cat Walk” que como su nombre lo
sugiere, nos recuerda a un gato caminando, noble haciendo el cliché por parte
de Art Taylor de abrir y cerrar el Hi hat
como parte de ese suave swing, como la “Música sexy” que nos acostumbran
en televisión, con el contrabajo de Doug Watkins haciendo el famoso Walkin’
Bass para darle sabor y textura a ésta pieza.
Sin dudas un álbum para sentarse a escuchar, ESCUCHAR, o quizá
como acompañamiento para aquellos que no tienen tanto conocimiento en el mundo
del Jazz, yo siempre lo he dicho, nada de eso importa, aunque seas músico y
aunque no, la música es para gozar y hacer la vida más llevadera.
Si quieren escuchar este álbum, les dejo éste link para
descargarlo.



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