Abrí los ojos, con lagañas en
los ojos aún, me dirigí al baño, me rasqué la cabeza, me di un masaje rápido en
la cara para quitarme el sueño, tomé un poco de jabón,
uno que ya parecía un mini
balón de futbol americano, ya desgastado y agrietado,
lo remojé en el agua hasta que
hiciera algo de espuma, me lavé la cara con la
poca que le salió al jabón, me
gustaba ese olor a jabón después de lavarte la cara
y te secas con la toalla. No
suelo ser tan positivo por las mañanas, pero
en verdad ¿qué pedo con ese
jabón? hice pipí y salí del baño, sólo con un pants, descalzo y sin playera,
hacía calor.
Pensar en el día a día, en la
misma rutina, sales de la cama, te cepillas los dientes, cagas, te das un baño
medio caliente, desayunas y te diriges a tu carro y te preparas para el round
número uno del día, pelearte con el pinche tráfico del D.F, (ahora la llaman
CDMX, pero a mí me vale madres, yo le sigo llamando así) claro, eso si eres de esa parte de la población que se transporta en
carro, para los mortales como tú que lees esto (si es el caso) y que eres
jodido como yo, que nos tenemos que meter por las escaleras de metro Hidalgo,
como topos en sus madrigueras, mareados y medio apendejados por salir sueñosos
y a veces sin desayunar, con el tufo de las tortas de afuera del metro, ya
saben, de esas tortas de puesto de latón blanco, les ponen nombres de artistas,
la "Gloria Trevi" de milanesa con quesillo, La "Luis
Miguel" de tres ingredientes, de
salchicha
pierna y quesillo, puedes
cambiar el quesillo por queso amarillo, y claro, no podía faltar la cubana, la
"Niurka" esa, mi hermano, ya sabes que lleva, de todo.
¿Con rajas o chipotle? eso es
chingarle desde temprano, es de las pocas cosas buenas de transportase de un
lado a otro en esta ciudad.
Y a propósito de ello, de la
comida, hoy día, sí que te puedes ir a comer una de esas tortas, todo un
manjar, claro que las cosas cambiaron a raíz de la pandemia, ahora, la gente va
a comer con cubrebocas, gel antibacterial y sana distancia, ahora es más común,
pero, cuando empezó la pandemia, era un desmadre para encontrar un local abierto,
parece que fue ayer, que salía con mi novia a dar el rol al parque de la china,
a comer esquites (elote en vaso si eres del norte) a caminar tomaditos de la mano, buenos tiempos, la gente piensa que las
cosas sólo han trasmutado, que es "lo mismo", honestamente, yo no lo
creo, sí, soy de esas personas que el cambio le afecta demasiado, en fin.
A raíz del aislamiento, me
dejé crecer la barba, como los beatles cuando se fueron a la India. Después de
lavarme la cara, me dirigí a la cocina, me serví un cereal y me senté en la
mesa, muy cerca de la puerta donde da la lavadora para que me pegara un poquito
el sol, estaba leyendo un blog que me encontré en internet, acerca de los
"Hikikomori" es un término japonés para una persona que ha dejado las
actividades en el exterior, empleos, y escuela, amigos y se han enclaustrado en
sus casas para no salir jamás, a veces los envidiaba, pero no del todo, porque,
tienen empleos desde casa, o algunos estudian desde casa. Las causas reales de
aquel aislamiento social, varían, algunas de esas personas, sufrían abusos en
sus escuelas, o trabajos, otros tantos, se hartaron de ser parte del Status Quo
y simplemente, pusieron cerrojo a sus puertas para nunca más volverlas a abrir.
Algo que me parecía
interesante de aquel artículo, fue que, algunos hikikomori, estando plenamente
consciente de su situación, adoptaban ciertos hábitos, para no ser presa fácil
de una muerte prematura, (evidentemente, no es bueno estar encerrado y aislado
del mundo exterior) por lo que sabían que al no estar expuestos al sol, debían
consumir vitamina D, para suplir la falta de tal vitamina que produce cuando la
piel se expone directamente al sol, cosa que muchos hicimos al momento de estar
enclaustrados, viendo "Venga La Alegría" si es que no tienes televisión
por cable, Vitamina C para reforzar sus defensas, ya que la agorafobia que
experimentaban, les impedía ir al médico en caso de una enfermedad viral, bacteriana, o bien un accidente.
Leyendo aquel artículo sobre
este fenómeno nipón, me di cuenta que la realidad es que no estábamos muy lejos
hoy día de aquella realidad y de sentir en carne propia lo que esa gente siente,
pasaban muchas cosas por mi cabeza en ese momento.
Salí de mi trance y fui otra
vez a la cocina, sabía que era temprano, pero me valía madre, era mi día libre,
tomé una cerveza que estaba tomando en el refri, la abrí y le di
un sorbo, estaba algo quemada, un sabor un tanto metálico, como cuando entras a
un bar del centro y pides una cheve, siempre te dan la más quemada (por no
decir la más culera) no me gustó, la dejé en el fregadero me dirigí al refri y
tomé otra, más de la parte de hasta atrás, fría, sudorosa, de esas que cuando
la sacas sientes que se te va a caer por el sudorcito, así, rica y con mi
destapador viejo y descolorido de "corona" abrí mi cerveza y la tomé,
casi media botella de un jalón, como dije, hacía calor.
Sonó mi teléfono, me acerqué
un poco para revisar, era mi amigo césar, quería salir, terminé mi cerveza, me
puse un cubrebocas y me dirigí a verlo, qué curioso que vive muy cerca del
metro Hidalgo, me daban ganas de ver si estaban abiertas esas tortas.
Salí, por fin, el sol me pegaba en la cara.
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