miércoles, 21 de abril de 2021

DÍA LIBRE...

Abrí los ojos, con lagañas en los ojos aún, me dirigí al baño, me rasqué la cabeza, me di un masaje rápido en la cara para quitarme el sueño, tomé un poco de jabón,

uno que ya parecía un mini balón de futbol americano, ya desgastado y agrietado,

lo remojé en el agua hasta que hiciera algo de espuma, me lavé la cara con la

poca que le salió al jabón, me gustaba ese olor a jabón después de lavarte la cara

y te secas con la toalla. No suelo ser tan positivo por las mañanas, pero

en verdad ¿qué pedo con ese jabón? hice pipí y salí del baño, sólo con un pants, descalzo y sin playera, hacía calor.

 

Pensar en el día a día, en la misma rutina, sales de la cama, te cepillas los dientes, cagas, te das un baño medio caliente, desayunas y te diriges a tu carro y te preparas para el round número uno del día, pelearte con el pinche tráfico del D.F, (ahora la llaman CDMX, pero a mí me vale madres, yo le sigo llamando así) claro, eso si eres de  esa parte de la población que se transporta en carro, para los mortales como tú que lees esto (si es el caso) y que eres jodido como yo, que nos tenemos que meter por las escaleras de metro Hidalgo, como topos en sus madrigueras, mareados y medio apendejados por salir sueñosos y a veces sin desayunar, con el tufo de las tortas de afuera del metro, ya saben, de esas tortas de puesto de latón blanco, les ponen nombres de artistas, la "Gloria Trevi" de milanesa con quesillo, La "Luis Miguel" de tres  ingredientes, de salchicha

pierna y quesillo, puedes cambiar el quesillo por queso amarillo, y claro, no podía faltar la cubana, la "Niurka" esa, mi hermano, ya sabes que lleva, de todo.

¿Con rajas o chipotle? eso es chingarle desde temprano, es de las pocas cosas buenas de transportase de un lado a otro en esta ciudad.

Y a propósito de ello, de la comida, hoy día, sí que te puedes ir a comer una de esas tortas, todo un manjar, claro que las cosas cambiaron a raíz de la pandemia, ahora, la gente va a comer con cubrebocas, gel antibacterial y sana distancia, ahora es más común, pero, cuando empezó la pandemia, era un desmadre para encontrar un local abierto, parece que fue ayer, que salía con mi novia a dar el rol al parque de la china, a comer esquites (elote en vaso si eres del norte) a caminar tomaditos de la  mano, buenos tiempos, la gente piensa que las cosas sólo han trasmutado, que es "lo mismo", honestamente, yo no lo creo, sí, soy de esas personas que el cambio le afecta demasiado, en fin.

A raíz del aislamiento, me dejé crecer la barba, como los beatles cuando se fueron a la India. Después de lavarme la cara, me dirigí a la cocina, me serví un cereal y me senté en la mesa, muy cerca de la puerta donde da la lavadora para que me pegara un poquito el sol, estaba leyendo un blog que me encontré en internet, acerca de los "Hikikomori" es un término japonés para una persona que ha dejado las actividades en el exterior, empleos, y escuela, amigos y se han enclaustrado en sus casas para no salir jamás, a veces los envidiaba, pero no del todo, porque, tienen empleos desde casa, o algunos estudian desde casa. Las causas reales de aquel aislamiento social, varían, algunas de esas personas, sufrían abusos en sus escuelas, o trabajos, otros tantos, se hartaron de ser parte del Status Quo y simplemente, pusieron cerrojo a sus puertas para nunca más volverlas a abrir.

Algo que me parecía interesante de aquel artículo, fue que, algunos hikikomori, estando plenamente consciente de su situación, adoptaban ciertos hábitos, para no ser presa fácil de una muerte prematura, (evidentemente, no es bueno estar encerrado y aislado del mundo exterior) por lo que sabían que al no estar expuestos al sol, debían consumir vitamina D, para suplir la falta de tal vitamina que produce cuando la piel se expone directamente al sol, cosa que muchos hicimos al momento de estar enclaustrados, viendo "Venga La Alegría" si es que no tienes televisión por cable, Vitamina C para reforzar sus defensas, ya que la agorafobia que experimentaban, les impedía ir al médico en caso de una enfermedad viral,  bacteriana, o bien un accidente.

Leyendo aquel artículo sobre este fenómeno nipón, me di cuenta que la realidad es que no estábamos muy lejos hoy día de aquella realidad y de sentir en carne propia lo que esa gente siente, pasaban muchas cosas por mi cabeza en ese momento.

Salí de mi trance y fui otra vez a la cocina, sabía que era temprano, pero me valía madre, era mi día libre, tomé una cerveza que estaba tomando en el refri, la abrí y   le di un sorbo, estaba algo quemada, un sabor un tanto metálico, como cuando entras a un bar del centro y pides una cheve, siempre te dan la más quemada (por no decir la más culera) no me gustó, la dejé en el fregadero me dirigí al refri y tomé otra, más de la parte de hasta atrás, fría, sudorosa, de esas que cuando la sacas sientes que se te va a caer por el sudorcito, así, rica y con mi destapador viejo y descolorido de "corona" abrí mi cerveza y la tomé, casi media botella de un jalón, como dije, hacía calor.

Sonó mi teléfono, me acerqué un poco para revisar, era mi amigo césar, quería salir, terminé mi cerveza, me puse un cubrebocas y me dirigí a verlo, qué curioso que vive muy cerca del metro Hidalgo, me daban ganas de ver si estaban abiertas esas tortas.

Salí, por fin, el sol me pegaba en la cara.

No hay comentarios:

Publicar un comentario