GLING-GLÓ: EL DISCO DE JAZZ QUE BJÖRK GRABÓ ANTES DE CONVERTIRSE EN BJÖRK
Cuando pensamos en Björk, probablemente lo primero que viene a nuestra cabeza no es precisamente el jazz.
Pensamos en vestidos imposibles, videoclips surrealistas, electrónica, sonidos experimentales y una de las voces más particulares de la música contemporánea.
Pero antes de Debut, antes de Post, antes de Homogenic y mucho antes de convertirse en uno de los personajes más singulares de la música pop, Björk tenía apenas 24 años y estaba cantando jazz en Islandia.
Y en 1990 ocurrió algo bastante curioso: Björk grabó un disco prácticamente perdido entre las páginas de su enorme carrera posterior.
Su nombre era Gling-Gló.
Y si nunca lo has escuchado, probablemente te sorprenda descubrir que aquí Björk no suena como la Björk que conocemos.
Suena como una cantante de jazz.
¿QUÉ ES GLING-GLÓ?
Gling-Gló es el único álbum grabado por Björk junto al Trío Guðmundar Ingólfssonar.
El proyecto estaba formado por Björk en la voz y la armónica, Guðmundur Ingólfsson al piano y la pandereta, Þórður Högnason en el contrabajo y Guðmundur "Pappa Jazz" Steingrímsson en la batería, maracas y campanas.
Y desde el principio hay algo que llama la atención: no estamos frente a un disco de jazz experimental ni frente a una Björk intentando reinventar el género.
Es, en buena medida, un disco de jazz vocal bastante tradicional.
Hay swing, bebop, baladas y canciones populares islandesas.
Pero también hay versiones de canciones estadounidenses que fueron adaptadas al idioma islandés.
Y ahí está precisamente una de las cosas más fascinantes del álbum.
Porque escuchar a Björk cantar jazz en islandés produce una combinación bastante extraña: por un lado, las estructuras y el lenguaje musical resultan familiares; por otro, el idioma le da al disco una personalidad completamente distinta.
¿QUÉ SIGNIFICA "GLING-GLÓ"?
El título también tiene algo de juguetón.
"Gling-Gló" es una especie de onomatopeya islandesa que puede entenderse aproximadamente como el sonido de una campana: algo parecido a nuestro "ding-dong".
Y ese carácter juguetón está presente durante todo el álbum.
Björk canta con una enorme libertad rítmica y utiliza su voz de una manera que ya permite reconocer algunas de las características que posteriormente la convertirían en una artista tan particular.
Pero todavía no existe la Björk electrónica, experimental y futurista.
Aquí tenemos a una joven cantante de jazz acompañada por un pequeño trío.
Y precisamente por eso el disco resulta tan interesante.
Porque permite escuchar de dónde venía Björk antes de convertirse en la artista que conocemos.
BJÖRK COMO CANTANTE DE JAZZ
Una de las grandes sorpresas de Gling-Gló es precisamente la voz.
Björk todavía no utiliza todos esos recursos vocales que posteriormente asociaríamos con ella.
En cambio, encontramos una interpretación mucho más cercana a la tradición del jazz vocal.
Hay fraseo, improvisación, cambios de registro y una manera muy flexible de entrar y salir del ritmo.
Y esto tiene sentido si pensamos que Björk ya tenía una relación con la música desde muy joven.
Antes de su carrera internacional, había pasado por diferentes proyectos musicales en Islandia y había explorado géneros muy distintos.
El jazz fue una de esas etapas.
Y Gling-Gló terminó siendo una especie de fotografía de ese momento.
Una fotografía bastante breve, pero muy interesante.
UN DISCO ENTRE ISLANDIA Y ESTADOS UNIDOS
Una de las características más interesantes del álbum es su repertorio.
Muchas canciones pertenecen a la tradición popular islandesa, mientras que otras son adaptaciones de canciones estadounidenses.
Por ejemplo, encontramos "Ruby Baby", escrita por Jerry Leiber y Mike Stoller.
También está "I Can't Help Loving That Man", escrita por Jerome Kern y Oscar Hammerstein II para el musical Show Boat.
Y hay otra adaptación particularmente curiosa: "Þad Sést Ekki Sætari Mey", basada en "You Can't Get a Man with a Gun", de Irving Berlin.
Es decir, Gling-Gló funciona casi como un puente.
Por un lado está la tradición musical islandesa.
Por el otro, el repertorio popular estadounidense que durante décadas había alimentado al jazz.
Y en medio de todo eso está Björk cantando esas canciones en islandés.
DOS SESIONES Y UN DISCO
Otra peculiaridad de Gling-Gló es lo rápido que se realizó.
El álbum fue grabado prácticamente durante un par de sesiones en septiembre de 1990.
Eso ayuda a entender por qué el disco tiene una sensación tan espontánea.
No parece una producción gigantesca.
Es un grupo pequeño entrando al estudio y tocando.
Y precisamente esa sencillez hace que podamos concentrarnos en la interacción entre los músicos.
El piano, el contrabajo, la batería y la voz.
Nada sobra demasiado.
Es casi como sentarse en un pequeño club de jazz y escuchar a un cuarteto tocar.
LA HISTORIA TRAS EL DISCO
Pero hay un elemento mucho más triste detrás de Gling-Gló.
El pianista Guðmundur Ingólfsson murió de cáncer poco después de la grabación, en 1991.
Tenía solamente 39 años.
Su muerte puso fin a esta colaboración y el proyecto no continuó como una banda estable.
Eso convierte a Gling-Gló en algo más que una curiosidad dentro de la discografía de Björk.
Es también el registro de una colaboración que prácticamente acababa de comenzar cuando terminó.
Y quizá por eso el disco tiene un lugar tan particular dentro de la historia de la cantante.
ANTES DE DEBUT
Dos años después de Gling-Gló, Björk comenzaría a construir la carrera internacional que finalmente la convertiría en una figura fundamental de la música alternativa.
En 1993 llegaría Debut.
Y ahí aparecería otra Björk.
Una Björk electrónica, experimental, influenciada por la música de clubes, el house, el trip-hop y la vanguardia.
Pero escuchar Gling-Gló después de conocer toda esa trayectoria produce una sensación muy interesante.
Porque de repente podemos escuchar a la artista antes de convertirse en el personaje que conocemos.
Y quizá eso sea lo más fascinante del álbum.
No es simplemente "el disco de jazz de Björk".
Es una pequeña ventana hacia una etapa de su formación musical.
¿POR QUÉ DEBERÍAS ESCUCHARLO?
Si eres fan de Björk, Gling-Gló es prácticamente una pieza arqueológica.
Te permite escuchar una versión de ella que posteriormente desaparecería de la primera línea de su carrera.
Pero si eres aficionado al jazz, también vale la pena escucharlo por sí mismo.
Porque detrás de Björk hay un pequeño grupo de músicos islandeses construyendo un disco de jazz vocal con repertorio islandés y estadounidense.
Y hay algo particularmente hermoso en escuchar a una artista que posteriormente sería conocida por romper todas las reglas comenzar, precisamente, desde una tradición tan antigua como el jazz.
Quizá Björk no necesitaba convertirse en una cantante de jazz.
Pero durante un breve momento de su juventud, lo fue.
Y ese momento quedó registrado en Gling-Gló.
Un disco pequeño.
Extraño.
Juguetón.
Islandés.
Y, sobre todo, completamente diferente a lo que uno esperaría encontrar cuando busca a Björk.
Y tal vez por eso mismo vale tanto la pena escucharlo
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